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Mostrando entradas de marzo, 2013

El tablón

Muchos recordaran el famoso tablón de las películas de piratas, ese por el cual obligaban a caminar a sus víctimas para arrojarlos a los escualos que hambrientos esperaban abajo.  Pues bien, así es como me siento en este momento. Mi familia, en lugar de respetar mi situación,  mi necesidad de espacio, de soledad, de no ser agobiado, con muy buenas intenciones esgrime la espada que se clava en mi espalda y me obliga a avanzar, acercándome más a un final rápido en las aguas que a decenas de pinchazos en mi cuerpo que conseguirían el mismo objetivo.  Comenzó bien la semana y creí que más o menos se mantendría así, he intentado estar activo y positivo, no es que haya buscado una inmediata solución a mi situación, pues sé que no la hay y que hacerlo y ver que es así, me hubiera hundido aún más.  Y mientras luchaba por mantenerme relativamente bien, mi familia se ha encargado de joderme una semana que no imaginé que acabara siendo tan mala.  Broncas, gritos, presiones...
Y de pronto todo el mundo se confabula, con buenas o malas intenciones, sin ser capaces de respetar mi espacio, mi necesitada soledad. Alterando mi moral, jodiéndome un día que había amanecido bastante bien. Hoy sólo quiero desaparecer para todos y que le den una buena patada al mundo. SOLEDAD JODER.

Buenas intenciones

De vuelta a mi mundo de sombras. En cuclillas en la oscuridad, rodeado de mis demonios, de mis temores, de esas sensación de que todo es una mierda y bien merecería desaparecer... O mejor, explotar y llevarme al mundo entero por delante, a tanta escoria como veo. Vuelvo a ser yo. El mismo que hace dieciocho años sabía que no había lugar para él en esta sociedad, que el no pertenecía a ella; aquél que mira a los de sus congéneres y sólo ve extraños y piensa que es imposible que sean de la misma especie. Sí, no todos son malos, quizá alguno merezca la pena, pero la maldad y el egoísmo generalizado acabarán con él, bien transformándolo o arrastrándolo a las mismas tinieblas en las que yo he sido atrapado. Parecía que tenía fuerzas, estos días he estado relativamente activo y me sentía normal, no bien, eso hace mucho que no ocurre, pero tampoco estaba todo el día obligando a mis párpados  a hacer de presa, fingiendo sonrisas al andar por la calle y deseando esconderme bajo un millón de...
Conversaciones que te hunden, que te arrebatan las fuerzas y se cargan todos los planes que tenías para el día. Aún mantengo mis ganas de escribir, desearía hacerlo en alguno de mis proyectos y no como simple grito de desahogo, pero las lágrimas se acercan y he de concentrar la poca fuerza que me queda en evitar que salgan, en volver a esconderlas dentro, en ese pozo de en el que intento mantener encerrado todo mi dolor.
Cuantas más veces me caigo, más me cuesta levantarme. Últimamente estoy más para frases cortas que para ratos largos de desahogo en este lugar. Estoy en la fase alta de mi estado de ánimo, aunque eso no sea decir mucho, sabiendo que habrá una futura caída pero esquivando los pensamientos que  puedan estar relacionados con ello. Por ahora, sin planes ningunos, cada día que me acuesto es una victoria, un día menos que queda por avanzar y por vivir, por mucho que algunas personas me insistan en que me estoy perdiendo lo mejor de esta vida. Es para mí imposibles hacerles comprender a algunos que mi mente es muchísimo más compleja que la de un pez, que necesito muchos más motivos y muchas más respuestas para sentirme cómodo, no me vale con respirar o con llenarme la panza (cosa que hago por obligación más que por apetencia, pues lo cierto es que la comida suelo mirarla con bastante desgana). Pensaba que me tocaría enfrentarme a mi sesión de psicología esta semana que ha pasado pero el d...

Amenece

Para aquellos a los que les cuesta permanecer en el mundo de los sueños, es muy grata la sensación que se produce cuando por enésima vez miras hacia la ventana y ves entrar por esas pequeñas rendijas tenues rayos de luz diurna. En ese momento te das cuenta de que ha llegado el momento de dejar de obligarte a permanecer en ese lugar al que  fuiste de la mano de ciertos ansiolíticos y en el que te has obligado a permanecer unas cuantas horas, aunque bien podrías haber huido de allí en mitad de la madrugada tan despejado, y quizá menos dolorido, de lo que lo haces ahora. Es el momento de enfrentar un nuevo día y esa es la parte negativa de ello. ¡Qué curioso! Hubo tiempos en los que disfrutaba de los días me gustase tanto permanecer en la cama y ahora que los días se han convertido en obstáculos a salvar antes de la siguiente noche, pese a que a la vez me sea tan apetecible salir de la misma.