El tablón

Muchos recordaran el famoso tablón de las películas de piratas, ese por el cual obligaban a caminar a sus víctimas para arrojarlos a los escualos que hambrientos esperaban abajo. 

Pues bien, así es como me siento en este momento. Mi familia, en lugar de respetar mi situación,  mi necesidad de espacio, de soledad, de no ser agobiado, con muy buenas intenciones esgrime la espada que se clava en mi espalda y me obliga a avanzar, acercándome más a un final rápido en las aguas que a decenas de pinchazos en mi cuerpo que conseguirían el mismo objetivo. 

Comenzó bien la semana y creí que más o menos se mantendría así, he intentado estar activo y positivo, no es que haya buscado una inmediata solución a mi situación, pues sé que no la hay y que hacerlo y ver que es así, me hubiera hundido aún más.  Y mientras luchaba por mantenerme relativamente bien, mi familia se ha encargado de joderme una semana que no imaginé que acabara siendo tan mala. 

Broncas, gritos, presiones, el omnipresente hacerse la víctima de mi madre, acudiendo a mi casa con sus ojos llenos de lágrimas y gritándome que le explicase el porqué toda la culpa era suya. Una invención más de su mente enferma y de su necesidad de sentirse víctima, extraída de un correo en el que sólo pedía que me dejaran tranquilo durante estos días porque, tras los gritos del miércoles, mis fuerzas se habían desvanecido y apenas he podido vagar del sofá a la cama y  la inversa. 

Lo de ayer acabó con mi paciencia y fui completamente claro. O me dejáis vivir mi vida, o jamás volveréis a verme. Prefiero coger la moto, irme al lugar más lejano que pueda y quitarme la vida en cualquier monte perdido de la mano de Dios, en un lugar en el que jamás pueda encontrarme nadie. 

Estoy harto de aguantar una vida que no deseo y que no me provoca más que sufrimiento para no provocarles dolor, y que no paren de echarme en cara la cantidad de daño que les hago. Pues no hay más opciones. O me veis jodido, o me veis muerto.  

Y yo soy el primero que querría poder estar bien, no pasarme los días sufriendo, escondiendo las lágrimas o mostrándolas si no hay nadie.  Quizá sea muy radical, pero lo que si he hecho es escoger no volver a verlos en un tiempo, como he decidido hacer con Juanma (que ostenta el honor de ser quien  consiguió que esta semana comenzara a ir cuesta abajo). 



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