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Mostrando entradas de febrero, 2016

Leela

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Duranga Leela, unos de los personajes de una serie que siempre me ha gustado bastante, fue el nombre elegido para mi perrita.  Desde que comencé a vivir en Cáceres mis dos perros, Leela y Mico, han sido los que me han acompañado siempre, tanto en los buenos como en los malos momentos. Ayer, tras una rápida infección uterina que no se ha podido coger a tiempo, falleció.  Como casi todos los perros que saben que van a morir, se escondió en un lugar en el que se sentía segura y sufrió durante hora los dolores provocados por la infección que recorría su cuerpo. Ella siempre ha intentado animarme, me ha despertado por las mañanas y en muchas ocasiones se quedaba mirándome fijamente con sus orejas puntiagudas. Para muchos será un "simple animal", pero para mí los perros forman parte de la familia y aunque ayer pude llorar un poco, me encuentro en una especie de shock e imagino que ya me tocará llorarla cómo se merece en días venideros.  Sólo quiero decir que voy a echarla mucho...

Tirando

Estas últimas semanas están siendo bastante duras. Después de lo acontecido a finales de enero ahora me encuentro viviendo de forma precipitada con mi pareja. En general la convivencia es buena y en eso no hemos tenido ningún tipo de problema o roce, la cosa cambia cuando estás intentando tirar de ella, cuando le tiendes la mano para que se levante y debes hacer tú todo el esfuerzo (y al tocar el tema siempre hay promesas de que la cosa cambiará, pero no lo ha hecho).  Por desgracia todos hemos tocado fondo alguna vez, unos más veces que otras y hay pozos más profundos. Sé que el suyo es de estos últimos y que salir de él no será cuestión de uno o dos días, va a ser un proceso largo pero me duele ver que intento ayudarla y al final todo acaba mal, no lo consigo y puesto que ella es una persona religiosa, muy diferente a mí, me vienen a la mente esas famosas palabras que se atribuyen a Jesús: "Levántate y anda", y es que en eso consiste la vida, en levantarse. Esto es algo más...

Punto de inflexión

Despiertas pasada la medianoche ante el insistente sonido del interfono que no cesa de sonar. Lo descuelgas adormilado y preguntas extrañado con un seco "¿sí?". La voz de tu pareja suena al otro lado, aunque te cuesta reconocerla por el incesante llanto que la acompaña. Sin dudar abres, la adrenalina comienza a fluir por tu cuerpo y los efectos de esos medicamentos necesarios para sumirte en el sueño durante la noche quedan anulados en un instante. "Mi padre me ha pegado". Sin dudarlo examinas su rostro y ves una zona del rostro un poco más colorida que el resto. No parece demasiado grave pero tu sangre comienza a hervir. Intentas calmarla y cuando lo consigues, aún entre sollozos relata el verdadero alcance del ataque: brazos amoratados del codo al hombro, un mordisco en un pecho... Algo bastante más salvaje de lo que podías haber imaginado con el primer vistazo y sin dudarlo, al ver el tamaño de las marcas de los brazos la llevas a urgencia mientras la ira intenta...