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Tres semanas han pasado desde que me desahogue aquí por última vez. Tres semanas en las que una persona ha estado iluminando mis días y apartando las sombras de mi mente; pero las sombras no se han ido, esperan su momento invisibles. Pese a haberme portado todo lo bien que he podido no consigo convencer, no importan las buenas intenciones, no importa lo que hagamos para redimirnos de nuestros errores, pues nunca serán perdonados. Y casi con la certeza de que esa luz se apartará pronto, dudo entre intentar disfrutar del tiempo que me quede con ella u olvidarme de ella para evitarnos un mayor sufrimiento. Me veo tentando a escapar a la oscuridad, ese lugar que tanto tiempo ha sido mi hogar.