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Mostrando entradas de julio, 2017

Un nuevo tropiezo

Duele la perdida. El sentir que lo has dado todo por alguien que realmente nunca te ha apreciado.  Duele más el saber que esos pocos momentos que hemos pasado nunca volverán.  Duele, más de lo que me gustaría admitirlo, el hecho de que durante un pedazo de tiempo he podido sentir cómo podría haber sido mi vida de otra forma. Sentados o paseando, pendientes de los niños.  Casi he podido sentir lo que había al otro lado del camino que no escogí.  Duele perderos a los tres. El haberte intentado salvar, ofrecerte todo y que te diga que me importas, y que todo eso sea un insulto.  Vivo rodeado de gente a la que nunca comprenderé, pero eso no quiere decir que no llegue a quererla.

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Quiero apegarme a un imposible, negar la máxima probabilidad, ¿y para qué? Ni tan siquiera obtendría algo que desee de verdad, o quizá sí. Ser por fin un salvador, hacer algo bueno  en la vida. Limpiar esa conciencia que tan sucia está (sin ni siquiera saber el porqué). Deseo ser la solución, ser querido... Buscar una felicidad que me fue prohibida hace mucho ya. Y no, esta vez no es la chica, aunque influya; ha sido el poco tiempo que he pasado con ella y sus hijos, el verme fuera de mi vida, en otra que quise tener mucho tiempo atrás, y el miedo no esta vez no lo es tal; es pánico. Lo de la chica es normal, ya lo tengo asumido desde el principio y yo mismo he querido poner el tope de la amistad para evitar involucrarme. Lo que temo ahora es involucrarme demasiado con sus hijos, y más en algo que veo destinado al fracaso. Ojalá pudiera ser tan frío como otras personas; no involucrarme tanto con la gente a la que apenas conozco y dejar a cada cual con sus miserias. Sobrevivir siend...

La bestia interior

Durante unos días libre.  Has vuelto a recorrer el mundo sin importarte nada y ahora, tras todo lo ocurrido, sólo me pregunto: ¿Por qué no seguiste existiendo sin mí?  Parece ser que de golpe has vuelto a tu madriguera, y que cuando lo haces soy yo el que se queda fuera lamiéndose las heridas. ¿Podemos ser el mismo? Comparo dos imágenes tan opuestas de nosotros y casi no reconozco ni el parecido físico, pese a ocupar el mismo cuerpo.  Y de todos estos días sólo me queda pensar lo solo que vuelvo a sentirme, cuando creí que ya me había acostumbrado a ello.