Punto de inflexión
Despiertas pasada la medianoche ante el insistente sonido del interfono que no cesa de sonar. Lo descuelgas adormilado y preguntas extrañado con un seco "¿sí?". La voz de tu pareja suena al otro lado, aunque te cuesta reconocerla por el incesante llanto que la acompaña. Sin dudar abres, la adrenalina comienza a fluir por tu cuerpo y los efectos de esos medicamentos necesarios para sumirte en el sueño durante la noche quedan anulados en un instante.
"Mi padre me ha pegado". Sin dudarlo examinas su rostro y ves una zona del rostro un poco más colorida que el resto. No parece demasiado grave pero tu sangre comienza a hervir. Intentas calmarla y cuando lo consigues, aún entre sollozos relata el verdadero alcance del ataque: brazos amoratados del codo al hombro, un mordisco en un pecho... Algo bastante más salvaje de lo que podías haber imaginado con el primer vistazo y sin dudarlo, al ver el tamaño de las marcas de los brazos la llevas a urgencia mientras la ira intenta cosumirte. Te controlas...
Horas en urgencias, luego en comisaria gracias a que los policías que acudieron la convencieron para poner la denuncia. No era la primera vez que ocurría, aunque ésta excediera con mucho a las demás.
Apenas pudimos parar a descansar un par de horas antes de presentarnos en el juzgado para prestar declaración. Apoyas su decisión de no retirar la denuncia, pese a que sabes que el ser que acabará siendo juzgado (pues ocurra lo que ocurra también se actúa de oficio) simplemente es malo, ella tan sólo quiere que reciba ayuda médica: es duro aceptar que tu progenitor simplemente es así, alguien que ha cedido al sadismo inherente al ser humano en lugar de decidir controlarlo.
En los juzgados nos encontramos con su madre y debemos esperar junto a ella mientras, sin preguntar a su hija cómo se encuentra, no cesa de quejarse del lío en el que la han metido; la noche tan mala que ha pasado por culpa de la denuncia ya que se llevaron a su marido detenido. Justifica los hechos diciendo que había habido provocación por haber contestado tras el primer tortazo. Se lamenta del destino que pueda sufrir el criminal mientras se victimiza a sí misma e ignora a la víctima.
Luego comienzan los comentarios contra mí. Alguien debe tener la culpa de lo que ha ocurrido y es mejor buscar enemigos fuera de casa y no puedo retener mi lengua mientras replico lo mala madre que está siendo. Pero insiste en que la culpa de todo lo que ha sufrido su hija es mía, pese a encontrarse ya de baja por la situación del hogar cuando nosotros intimamos.
Escoltado por un agente llega su padre, un hombre que la dobla en peso y tamaño, un auténtico cobarde que grita como un poseso en busca de su hija dejándose llevar por su parte salvaje mientras la busca para continuar lo que comenzó por la noche. Es retenido por el agente que finalmente opta por retirarlo.
Orden de alejamiento de trescientos metros. Él no puede volver al "hogar" y ella, ante los comentarios de la madre, tan decepcionada como dolida, pide un par de días antes de regresar a casa sabiendo que cuenta con mi respaldo.
Pero esto es sólo el comienzo, la situación no parará de empeorar...
"Mi padre me ha pegado". Sin dudarlo examinas su rostro y ves una zona del rostro un poco más colorida que el resto. No parece demasiado grave pero tu sangre comienza a hervir. Intentas calmarla y cuando lo consigues, aún entre sollozos relata el verdadero alcance del ataque: brazos amoratados del codo al hombro, un mordisco en un pecho... Algo bastante más salvaje de lo que podías haber imaginado con el primer vistazo y sin dudarlo, al ver el tamaño de las marcas de los brazos la llevas a urgencia mientras la ira intenta cosumirte. Te controlas...
Horas en urgencias, luego en comisaria gracias a que los policías que acudieron la convencieron para poner la denuncia. No era la primera vez que ocurría, aunque ésta excediera con mucho a las demás.
Apenas pudimos parar a descansar un par de horas antes de presentarnos en el juzgado para prestar declaración. Apoyas su decisión de no retirar la denuncia, pese a que sabes que el ser que acabará siendo juzgado (pues ocurra lo que ocurra también se actúa de oficio) simplemente es malo, ella tan sólo quiere que reciba ayuda médica: es duro aceptar que tu progenitor simplemente es así, alguien que ha cedido al sadismo inherente al ser humano en lugar de decidir controlarlo.
En los juzgados nos encontramos con su madre y debemos esperar junto a ella mientras, sin preguntar a su hija cómo se encuentra, no cesa de quejarse del lío en el que la han metido; la noche tan mala que ha pasado por culpa de la denuncia ya que se llevaron a su marido detenido. Justifica los hechos diciendo que había habido provocación por haber contestado tras el primer tortazo. Se lamenta del destino que pueda sufrir el criminal mientras se victimiza a sí misma e ignora a la víctima.
Luego comienzan los comentarios contra mí. Alguien debe tener la culpa de lo que ha ocurrido y es mejor buscar enemigos fuera de casa y no puedo retener mi lengua mientras replico lo mala madre que está siendo. Pero insiste en que la culpa de todo lo que ha sufrido su hija es mía, pese a encontrarse ya de baja por la situación del hogar cuando nosotros intimamos.
Escoltado por un agente llega su padre, un hombre que la dobla en peso y tamaño, un auténtico cobarde que grita como un poseso en busca de su hija dejándose llevar por su parte salvaje mientras la busca para continuar lo que comenzó por la noche. Es retenido por el agente que finalmente opta por retirarlo.
Orden de alejamiento de trescientos metros. Él no puede volver al "hogar" y ella, ante los comentarios de la madre, tan decepcionada como dolida, pide un par de días antes de regresar a casa sabiendo que cuenta con mi respaldo.
Pero esto es sólo el comienzo, la situación no parará de empeorar...
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