Buenas intenciones

De vuelta a mi mundo de sombras. En cuclillas en la oscuridad, rodeado de mis demonios, de mis temores, de esas sensación de que todo es una mierda y bien merecería desaparecer... O mejor, explotar y llevarme al mundo entero por delante, a tanta escoria como veo.

Vuelvo a ser yo. El mismo que hace dieciocho años sabía que no había lugar para él en esta sociedad, que el no pertenecía a ella; aquél que mira a los de sus congéneres y sólo ve extraños y piensa que es imposible que sean de la misma especie.

Sí, no todos son malos, quizá alguno merezca la pena, pero la maldad y el egoísmo generalizado acabarán con él, bien transformándolo o arrastrándolo a las mismas tinieblas en las que yo he sido atrapado.

Parecía que tenía fuerzas, estos días he estado relativamente activo y me sentía normal, no bien, eso hace mucho que no ocurre, pero tampoco estaba todo el día obligando a mis párpados  a hacer de presa, fingiendo sonrisas al andar por la calle y deseando esconderme bajo un millón de mantas rogando porque el mundo se olvide de mí.

No puedo enfadarme con él por darme una patada para tirarme a un pozo aún más profundo cada vez que intenta sacarme de aquel en el que ya me encuentro, pero sí necesito alejarme, volver a crear las distancias que ha habido hasta hace poco, no dar pie a un acercamiento mayor, pues sé que aunque considere que sus buenas intenciones son suficientes no sabe maniobrar y sólo consigue empeorar las cosas. Algún día aprenderá que para ayudar a los demás no vale con comparar su situación con la tuya, hay que aprender a ver a través de sus ojos y a percibir todo lo que ellos sienten, ese es el único camino para poder ayudar realmente a una persona.

Y ahora, con mis fuerzas desvanecidas y varios retos por delante, ruego porque esta caída no dure demasiado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota