Cansado. No demasiados pensamientos dan vueltas por mi mente, a la velocidad de un huracán, eso sí. No puedo centrarme en ninguno de ellos para darle una solución. Ya ha vuelto, la presión en el pecho, el pulso acelerado, esa sensación de que todo te sobrepasa. Intento centrarme en el momento en concreto, busco algo en lo que ocupar mi mente para dejar todo lo demás apartado, pero no lo encuentro. En mitad de la angustia hago algo que no debería, me encomiendo a terceras personas esperando que tengan un momento para ayudarme a levantarme de este tropiezo. Error. Ellas tienen sus propios asuntos y probablemente no haya hecho más que ayudarlas a caer, tengo que asumir que esto es cuestión de uno. Quedarte tumbado, arrastrarte, gatear... da igual que opción escojas. Llega esa pausa en mitad del trabajo que normalmente estamos esperando con ilusión, pero no hoy. Aunque las nubes ocultan al sol utilizo ese invento que se utilizaba para proteger nuestros ojos de él; me sirven de escudo contr...
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