Un día sin internet
No ha tardado más de lo que yo lo hago en ir a traer ese café aguachirri que me preparo todas las mañanas, tras esperar la media hora de la toma de la pastilla. En menos de dos minutos he pasado de estar esperando a enfrentarme a un día más, huyendo de mi casa a un mundo virtual a través de diminutos impulsos de luz, a tener un estado de ansiedad elevadísimo.
Menos de dos minutos en los que mi perra ha destrozado el cable de la fibra, que salía pro fuera de la pared por eso de que todos mis familiares se empeñan en que hay que tener fijo (algo que no quiero).
Primero una merecida bronca a la perra y luego un enorme bajón por enfrentarme a un día vacío encerrado en mi casa, sin ganas de nada ni posibilidades de escapar. Me he sentido culpable por haberle dado en el trasero para que no lo repitiese; sé que no le duele eso, le duele verme enfadado con ella y la cara con la que me miraba ha acabado de hundirme.
He tenido mi primera sesión de “autocuración” a base de tranquilizantes, aunque no he conseguido nada. Hoy son ferias aquí y todo está cerrado, cuando la hora ha sido prudencial he intentado conseguir el puñetero cable para poder retomar mi día, aunque sé que un despertar así ya va a dejarme tocado durante todo el tiempo.
Luego ya ha venido lo de darle vueltas a las cosas. No sé nada de mi abogado y debería haberme llamado hace ya tiempo para informarme de algo. Yo necesito estar informado de lo que ocurre, de qué se negocia, de si se negocia, de si he tenido razón y le han tomado el pelo… Sé que esta semana le habrán puesto la excusa de la feria, la anterior que estaban muy liados y la próxima… El lunes necesito hablar con él para que me diga si han llegado al acuerdo en el que habíamos quedado o vamos a por todas. No hay más oportunidades de hacer las cosas de otra forma, denuncia penal por mobbing aprovechando el conocimiento de que tengo un trastorno mental, daños morales, suplantación de identidad, falsedad documental y la regulación de los salarios a lo que dicta el convenio, según los horarios que he realizado. No debo dejarme nada en el tintero.
Y sí, lo admito, mi desesperación está llegando a tales niveles que no sólo he vuelto a hacerme cortes y golpear todo lo que me encontraba con cualquier parte del cuerpo, también vuelven a estar presentes las ideas de rendirme, de acabar con todo, mandar un escrito público a internet, una despedida y prenderme fuego dentro de esas instalaciones para que queden malditas y a la vez salga todo a la luz, les jodan todos los servicios. A veces hay que hacer sacrificios para que el mundo cambie y yo estoy cada día más muerto, así que tampoco sería una pérdida muy grande.
Menos de dos minutos en los que mi perra ha destrozado el cable de la fibra, que salía pro fuera de la pared por eso de que todos mis familiares se empeñan en que hay que tener fijo (algo que no quiero).
Primero una merecida bronca a la perra y luego un enorme bajón por enfrentarme a un día vacío encerrado en mi casa, sin ganas de nada ni posibilidades de escapar. Me he sentido culpable por haberle dado en el trasero para que no lo repitiese; sé que no le duele eso, le duele verme enfadado con ella y la cara con la que me miraba ha acabado de hundirme.
He tenido mi primera sesión de “autocuración” a base de tranquilizantes, aunque no he conseguido nada. Hoy son ferias aquí y todo está cerrado, cuando la hora ha sido prudencial he intentado conseguir el puñetero cable para poder retomar mi día, aunque sé que un despertar así ya va a dejarme tocado durante todo el tiempo.
Luego ya ha venido lo de darle vueltas a las cosas. No sé nada de mi abogado y debería haberme llamado hace ya tiempo para informarme de algo. Yo necesito estar informado de lo que ocurre, de qué se negocia, de si se negocia, de si he tenido razón y le han tomado el pelo… Sé que esta semana le habrán puesto la excusa de la feria, la anterior que estaban muy liados y la próxima… El lunes necesito hablar con él para que me diga si han llegado al acuerdo en el que habíamos quedado o vamos a por todas. No hay más oportunidades de hacer las cosas de otra forma, denuncia penal por mobbing aprovechando el conocimiento de que tengo un trastorno mental, daños morales, suplantación de identidad, falsedad documental y la regulación de los salarios a lo que dicta el convenio, según los horarios que he realizado. No debo dejarme nada en el tintero.
Y sí, lo admito, mi desesperación está llegando a tales niveles que no sólo he vuelto a hacerme cortes y golpear todo lo que me encontraba con cualquier parte del cuerpo, también vuelven a estar presentes las ideas de rendirme, de acabar con todo, mandar un escrito público a internet, una despedida y prenderme fuego dentro de esas instalaciones para que queden malditas y a la vez salga todo a la luz, les jodan todos los servicios. A veces hay que hacer sacrificios para que el mundo cambie y yo estoy cada día más muerto, así que tampoco sería una pérdida muy grande.
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