Enterrando a mi demonio
Tengo una enfermedad, un trastorno mental dicen.
Siento que además, dentro de mí, existe una criatura que se agita y algunas veces, cuando centro mis fuerzas en resistir lo que ocurre en el exterior, consigue escapar. Ayer, tras varios días de un continuo dolor físico que va debilitando mi moral, y muchos otros días de tensión y lucha contra esos enemigos que han destruido tantos meses de trabajo y echado por tierra mi mejoría.
Tengo que aguantar, volver a empezar (conociendo esta vez el camino a recorrer) y sé que lo pasaré mal. Pero no estoy sólo, aunque no lo aproveche debidamente tengo el apoyo de mi familia, la incansable compañía de mi perro (entre las desgracias de este año mi otra compañera falleció, y siento que si hubiera estado más atento a ella, como ella lo estuvo siempre conmigo, podría haberla salvado) y el apoyo de mi compañera de piso, de mi "pareja". Lo pongo entre paréntesis porque sé que en aspecto lo estoy haciendo fatal con ella.
He cambiado. Antes era una persona tremendamente cariñosa con mi pareja. Hasta el día de hoy sólo he conseguido abrirme de esa manera con los animales y con la que fuera mi pareja, en los diferentes momentos de mi vida. Pero siento que estoy atrapado dentro de mí y no puedo abrirme con ella cómo debería. Y la quiero, eso debe quedar claro, pero no paro de dudar de mí, de mi capacidad de hacer feliz a alguien.
Llevo muchos días deseando hacerme daño, controlando esas ganas de golpear algo, de rasgar mi piel, de castigar de alguna forma mi cuerpo siento que quizá así ese ser, esa parte de mí, que lucha por salir, volviera a estar enterrada de nuevo y me dejase comportarme de una forma medianamente normal. Pero ayer escapó, lleva días haciéndolo y no me había dado cuenta. Una contestación por mi parte, y no es el contenido son las formas. Ella me habló ayer, me lo dijo, me hizo ser consciente y entonces me di cuenta de que puedo llegar a transformarme, simplemente descuidando el presidio de mi demonio, en el ser del que he querido salvarla.
Busco mis pastillas, esas que tomo en emergencias al notar como se agita en mi interior, como mi la ira y la furia se van apoderando de mi cuerpo y de mi ser. Comienzo a ser yo el que está enterrado y sigo sin encontrarlas. Plan B: me tomo un puñado de pastillas distintas, varias de cada tipo. No, no intento escapar de esta vida como otras veces, simplemente necesito debilitarlo, debilitarme a mí también, hacer que mi cuerpo caiga en un sueño que encierre a la bestia de nuevo en esa cárcel en la que debe estar.
Lo he conseguido y soy consciente de que hoy me toca hablar con esa persona que ha seguido a mi lado incluso viendo una pequeña parte de la criatura que escondo en mi interior. Tengo que disculparme, que explicar, que hablar de ello... Y si me lo permite darle un abrazo por no retirar su apoyo y no rendirse. Hoy debo hacer penitencia e intentar abrirme para explicar la realidad de mi ser, de esa lucha interna que sufro en cada momento y que me hace ser tan extraño para los demás. Hoy debo confesarle mi locura.
Comentarios
Publicar un comentario