Locura

Nuevamente hice algo que no debí por una persona a la que tenía en estima. Supuse que un día de esfuerzo sólo recaería en otro de dolor: no fue así.
He estado una semana con migrañas, volvieron tensiones emocionales de episodios que debían estar zanjados, la presión por los problemas laborales colmaron la gota y quise desaparecer (o mejor dicho, quise que mi dolor desapareciera).
No recuerdo casi nada del sábado anterior y apenas lagunas de esta semana (todos reconocen haberse dado cuenta de que no era yo, salvo aquella persona que, quizá sin mala fe, ha visto la oportunidad de recuperar algo que está completamente roto).

Volví a subir mi blog, a un nuevo perfil. Las pastillas eran un paliativo pero también necesitaba escribir algo y desahogarme y ahí fue donde ella interpretó que mi miedo a que supiera que había estado con más personas era por "ese amor" que sentía por ella. Como un pelele y todavía bajos los excesivos efectos de las drogas legales me ha estado manejando hasta que estos se han ido disipando.

El miércoles por la noche ignoró mis súplicas, conociéndome, para provocarme otra sobredosis (forma de la que sabe que huyo del mundo terrenal cuando se me hace demasiado doloroso) en lugar de cesar sus ataques antes mis insistentes ruegos. La jugada no hubiera quedado bien; así pudo estar aquí en hora punta con intención de ser mi salvadora, habiéndome dejado apenas dormir cuatro horas y con el cuerpo repleto de sustancias para todo tipo de cosas.

Contó y maquilló nuestras historias y no dejó que yo hablase y, aunque yo no hablé de volver con ella, puso condiciones para que fuera así (en el momento ni tan siquiera me di cuenta de lo que estaba pasando).

El jueves seguía alelado pero durante el día se fui siendo un poco más yo, hasta que finalmente comencé a darme cuenta de lo que estaba ocurriendo.

No pude más y ayer le dije que jamás habría un nosotros. Le he dado múltiples oportunidades, muchas de ellas por imbécil, por la lástima que me daba hacerle daño. Pero espero que ya se haya acabado, aunque me cueste creerlo, tal vez por fin comprenda que rompió cada oportunidad de jugar que tuvo y que no hay nada que pueda hacer para que yo sienta algo por ella: debe seguir con su vida y buscar un nuevo objetivo.

Y sí, no soy una persona cuerda, tenga una enfermedad, tenemos la misma enfermedad de hecho, y yo no me he dedicado jamás a hacerle la vida imposible a nadie con comentarios hirientes y despectivos, depreciando a la persona que tienes al lado y poniendo una sonrisa (supongo que lo que ha aprendido como relación normal, no sé si dentro o fuera de su casa).

Aun así se presentó en mi casa, más para ver si estaba con otra persona que por si estaba bien. Un claro correo le había dicho que nunca más, nunca... Pese a ello vino, y continuó escribiendo correo tras correo, sin recibir respuesta, durante unas horas hasta que se quedó tranquila. Hablando en ellos del magnifico futuro que nos esperaba cuando estuviera mejor y de retomar nuestra amistad... Unos correos muy bonitos si no fuera por lo trágico de que la irrealidad en la que vive, una fantasía que finalmente tendrá que volverse contra alguien.

Y yo, cada vez más recuperado, he decidido que no voy a sacrificar mi vida por su felicidad. Siento lo que puedas sufrir pero aquí hay no hay opciones para ti.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota