Asentándome
Ayer hice todos esos pequeños recados que tenía pendientes: recoger la baja, hablar con el médico para que me pusiera algo de medicación (obviamente necesario esto después de la que he liado la pasada semana de la que recuerdo bastante poco), ir a la mutua, hablar con el abogado y llevar la baja.
Por ahora sé que ya son conocedores desde la pasada semana del tema de la reclamación pero no han querido reunirse con el abogado. Al llevar la baja tuve la mala suerte de encontrarme a dos de mis jefes de frente; uno se quedo parado y disimuló. El otro no pudo ni disimular y puso una cara de susto peor a la de cuando no arrancaban los servicios durante el traspaso de verano. Nadie quiso hablar conmigo, salvo la administrativa, que esta vez se apresuró a decirme que no me preocupase que ya le estaban en mirando en Madrid las nóminas. "Ya me da igual" le respondí con una sonrisa y salí de allí.
No dejo de pasar tensión y sufrir una ansiedad enorme por tener que ir allí y enfrentarme con ellos (tuve la suerte de que hablaban con otra gente mientras yo entregaba el resguardo).
Lo peor de esta semana no es la sensación que me están dejando las pastillas en el cuerpo; es el haberla liado tanto, preocupado a mi familia de nuevo, hacer que saliera a la luz la aventura y que sufrieran dos personas por mi locura y, sobretodo, el daño que he hecho de forma gratuita y lo mal que he acabado con quien un día quise intentar construir algo.
Supongo que tengo ese don para estropearlo todo y que, pese a que ya había dicho que no quería saber nada de ella, reabrir gratuitamente esta herida y de la manera en la que yo lo he hecho, sabiendo que realmente se ha volcado sobre ello, pues no deja de hacer que te sientas muy hijo de puta... Y no hay forma de pedir perdón a eso.
Por ahora sé que ya son conocedores desde la pasada semana del tema de la reclamación pero no han querido reunirse con el abogado. Al llevar la baja tuve la mala suerte de encontrarme a dos de mis jefes de frente; uno se quedo parado y disimuló. El otro no pudo ni disimular y puso una cara de susto peor a la de cuando no arrancaban los servicios durante el traspaso de verano. Nadie quiso hablar conmigo, salvo la administrativa, que esta vez se apresuró a decirme que no me preocupase que ya le estaban en mirando en Madrid las nóminas. "Ya me da igual" le respondí con una sonrisa y salí de allí.
No dejo de pasar tensión y sufrir una ansiedad enorme por tener que ir allí y enfrentarme con ellos (tuve la suerte de que hablaban con otra gente mientras yo entregaba el resguardo).
Lo peor de esta semana no es la sensación que me están dejando las pastillas en el cuerpo; es el haberla liado tanto, preocupado a mi familia de nuevo, hacer que saliera a la luz la aventura y que sufrieran dos personas por mi locura y, sobretodo, el daño que he hecho de forma gratuita y lo mal que he acabado con quien un día quise intentar construir algo.
Supongo que tengo ese don para estropearlo todo y que, pese a que ya había dicho que no quería saber nada de ella, reabrir gratuitamente esta herida y de la manera en la que yo lo he hecho, sabiendo que realmente se ha volcado sobre ello, pues no deja de hacer que te sientas muy hijo de puta... Y no hay forma de pedir perdón a eso.
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