Sobre el suicidio y las autolesiones I
Hay algunos temas un poco peliagudos que dejan a la gente helada cuando admites que tú lo haces: suicidio y autolesión.
Del primero obviamente me refiero a los intentos, esos que para muchos ignorantes no son más que formas de llamar la atención. En mi caso ha habido dos tipos de intentos (y se han quedado en intento por cuestión de suerte y resistencia corporal, porque lo último que pretendes en ese instante es llamar la atención de nadie), por un lado el arrebato del que apenas recuerdas absolutamente nada y por otra el planificado. El primero suele darse, en mi caso, tras alguna discusión o algo que me descoloqué mucho. Pierdo el control de mi cuerpo y me golpeo y en un momento determinado, para intentar calmar ese intenso dolor que se siente acabo tomándome todo lo que tengo a mano; si bien en este caso no es verdaderamente un intento de suicidio, pues aunque uno pueda estar al borde de la muerte lo único que buscaba era "paz" sin razonamiento alguno.
El segundo tipo es en el que, tras una etapa muy mala comienzo a cavilar y al final acabo viendo que no hay opciones, que la única salida es quitarme del medio para ello. Llevo con ello en la cabeza desde que entré en la adolescencia, hace más de dos décadas. Son momentos distintos en los que dejas todo atado y de forma que no se note. Por ejemplo, en mi última experiencia hice el traspaso de mi dinero a mi hermana la misma noche que intenté matarme, para que no lo viera hasta un par de días después, les dejé escrita la carta de explicación de mis motivos y de qué hacer con todas mis cosas. No tengo que convencer a nadie de mi deseo de morir en ese momento, quién quiera creerlo que lo haga así y el que no puede darle a la crucecita que está arriba a la derecha en la ventana. Sólo puedo decir que esa noche varios médicos dijeron que no lo contarías y de ven en cuando pasaban asombrados al ver que no ocurría.
En esos momentos, cuando sales, aunque puede que lo hagas por evitar tu dolor y el que tu existencia causa a los demás, en mi caso me prometí no hacerlo. Cuando comienza a pasar algún pensamiento así por mi cabeza intento recordar a mis padres llorando rotos por el dolor y hacerme ver que, mientras vivan, no es una opción viable.
Del primero obviamente me refiero a los intentos, esos que para muchos ignorantes no son más que formas de llamar la atención. En mi caso ha habido dos tipos de intentos (y se han quedado en intento por cuestión de suerte y resistencia corporal, porque lo último que pretendes en ese instante es llamar la atención de nadie), por un lado el arrebato del que apenas recuerdas absolutamente nada y por otra el planificado. El primero suele darse, en mi caso, tras alguna discusión o algo que me descoloqué mucho. Pierdo el control de mi cuerpo y me golpeo y en un momento determinado, para intentar calmar ese intenso dolor que se siente acabo tomándome todo lo que tengo a mano; si bien en este caso no es verdaderamente un intento de suicidio, pues aunque uno pueda estar al borde de la muerte lo único que buscaba era "paz" sin razonamiento alguno.
El segundo tipo es en el que, tras una etapa muy mala comienzo a cavilar y al final acabo viendo que no hay opciones, que la única salida es quitarme del medio para ello. Llevo con ello en la cabeza desde que entré en la adolescencia, hace más de dos décadas. Son momentos distintos en los que dejas todo atado y de forma que no se note. Por ejemplo, en mi última experiencia hice el traspaso de mi dinero a mi hermana la misma noche que intenté matarme, para que no lo viera hasta un par de días después, les dejé escrita la carta de explicación de mis motivos y de qué hacer con todas mis cosas. No tengo que convencer a nadie de mi deseo de morir en ese momento, quién quiera creerlo que lo haga así y el que no puede darle a la crucecita que está arriba a la derecha en la ventana. Sólo puedo decir que esa noche varios médicos dijeron que no lo contarías y de ven en cuando pasaban asombrados al ver que no ocurría.
En esos momentos, cuando sales, aunque puede que lo hagas por evitar tu dolor y el que tu existencia causa a los demás, en mi caso me prometí no hacerlo. Cuando comienza a pasar algún pensamiento así por mi cabeza intento recordar a mis padres llorando rotos por el dolor y hacerme ver que, mientras vivan, no es una opción viable.
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