Foso
Un foso imposible de cerrar. Los problemas familiares creados por uno u otro miembro de la rama materna no cesan y comenzó todo el sábado, con una carta en la que mi, para mí ahora difunto, tío Carlos, persona que me ha visto apenas seis veces en los últimos treinta años, tuvo la desfachatez de "ayudar" con una de sus conversaciones.
No sé que ocurre con la familia de mi madre que cada vez que alguno abre la boca te empuja hacia el foso un poco más. de tal manera que ya no parece que lo hagan sin intención y la maldad que tantas veces he atisbado en mí mana de ellos de forma brutal.
Palabras con el único fin de hacer daño, sabiendo que apenas había salido tres días antes del hospital; y dando lecciones contradictorias creyéndose poseedor de la verdad absoluta.
Reniego por fin de esa familia que tanto mal ha hecho (no todos, seamos claros, pero el miedo ya está en el cuerpo y no quiero más problemas con nadie).
Consiguió su propósito con una serie de correos durante ese fin de semana de forma que me quitó la ilusión inicial con la que quería volver a empezar y el resto, el resto lo hizo mi madre, como siempre, con sus falacias y sus artimañas.
Aun sabiendo que no debemos estar en contacto sin otras personas mediantes, y que esos contactos han de ser relativamente breves, no ha cesado de acosarme a llamadas durante unos días, siendo el martes el día álgido en el que, tras decirle que iba a pasar la aspiradora otro día porque aún me sentía cansado, ella insistió en venir a hacerlo una y otra vez (luego no cesaría de quejarse de que la tratamos como a una esclava, si hubiera accedido a semejante propuesta, claro). Yo me negué y le recordé que no quería estar a solas con ella, que no era buena idea y que ya había quedado claro que no le negaba la posibilidad de hacer una visita, pero que como bien había dicho la psiquiatra las imposiciones por su parte debían de acabarse: no más comidas obligatorias los fines de semana, evitándome así la tensión de la llegada de los mismos, y tampoco visitas "privadas". Toda visita suya a mi casa debe ser acompañada para evitar luego falsas historias y por supuesto, para tener yo un apoyo en caso de que decida decirme alguna barbaridad.
La conversación fue correcta y no la traté mal en ningún momento y ayer, mi padre otra vez hundido porque, según ella, la estaba tratando como un auténtico tirano (por no dejarle fregar mi casa o decirle que, con 35 años no creía que debiera dar explicaciones sobre mi dieta).
¿Ahora? Pues nuevamente hecho basura, esperando a que esto se arregle un poco pero con pánico a la reacción que pueda haber este fin de semana cuando sepa que, realmente, las comidas obligadas en familia se han acabado y que a partir de ahora voy a distanciarme de ella, o a intentarlo, porque realmente desearía poder mejorar.
No sé que ocurre con la familia de mi madre que cada vez que alguno abre la boca te empuja hacia el foso un poco más. de tal manera que ya no parece que lo hagan sin intención y la maldad que tantas veces he atisbado en mí mana de ellos de forma brutal.
Palabras con el único fin de hacer daño, sabiendo que apenas había salido tres días antes del hospital; y dando lecciones contradictorias creyéndose poseedor de la verdad absoluta.
Reniego por fin de esa familia que tanto mal ha hecho (no todos, seamos claros, pero el miedo ya está en el cuerpo y no quiero más problemas con nadie).
Consiguió su propósito con una serie de correos durante ese fin de semana de forma que me quitó la ilusión inicial con la que quería volver a empezar y el resto, el resto lo hizo mi madre, como siempre, con sus falacias y sus artimañas.
Aun sabiendo que no debemos estar en contacto sin otras personas mediantes, y que esos contactos han de ser relativamente breves, no ha cesado de acosarme a llamadas durante unos días, siendo el martes el día álgido en el que, tras decirle que iba a pasar la aspiradora otro día porque aún me sentía cansado, ella insistió en venir a hacerlo una y otra vez (luego no cesaría de quejarse de que la tratamos como a una esclava, si hubiera accedido a semejante propuesta, claro). Yo me negué y le recordé que no quería estar a solas con ella, que no era buena idea y que ya había quedado claro que no le negaba la posibilidad de hacer una visita, pero que como bien había dicho la psiquiatra las imposiciones por su parte debían de acabarse: no más comidas obligatorias los fines de semana, evitándome así la tensión de la llegada de los mismos, y tampoco visitas "privadas". Toda visita suya a mi casa debe ser acompañada para evitar luego falsas historias y por supuesto, para tener yo un apoyo en caso de que decida decirme alguna barbaridad.
La conversación fue correcta y no la traté mal en ningún momento y ayer, mi padre otra vez hundido porque, según ella, la estaba tratando como un auténtico tirano (por no dejarle fregar mi casa o decirle que, con 35 años no creía que debiera dar explicaciones sobre mi dieta).
¿Ahora? Pues nuevamente hecho basura, esperando a que esto se arregle un poco pero con pánico a la reacción que pueda haber este fin de semana cuando sepa que, realmente, las comidas obligadas en familia se han acabado y que a partir de ahora voy a distanciarme de ella, o a intentarlo, porque realmente desearía poder mejorar.
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