Últimas noches

Primero conversación por la tarde sobre el sentido de la vida y la poca importancia de tener o no metástasis (casi seguro que no, pero me importa un bledo) en una extraña mancha en la espalda.
¿No puede entenderse de forma simple que a mí, vivir como tal, ya no me importa? Entiendo lo difícil que es ponerse en el lugar de una persona que apenas tiene ganas de vivir, que ha perdido toda ilusión y que carece de esperanza en cualquier aspecto de su vida.

¿Pero acaso no puedo hacer yo lo contrario cuando y ponerme en el lugar de los demás?

Por ahora, salvo que las cosas cambien mucho, en apenas mes y medio descasaré, aunque ese descanso me llegue con dolor, y dejaré a los demás aguantar lo que quede tras de mí. Ojalá puedan entender mis motivos y comprender que he vivido, que he amado (de diferentes formas, incluyendo la más pura de ellas), que he reído, hecho locuras y disfrutado de la vida durante años. No he conseguido cumplir ninguno de mis sueños, eso también es cierto. No conseguí hacer feliz a nadie, ninguna de mis buenas acciones ha conseguido borrar la más nimia de las malas y aunque he intentado redimirme he sido un completo fracaso.

He perdido la confianza en las personas. He perdido decenas de amistades que contaron conmigo y con las que no pude contar cuando las necesité. He dejado de creer en la bondad humana y creo ahora en un egoísmo excesivo de la mayoría de las personas.

Éste no es mi mundo, no es mi lugar y no es el sitio en el que quiero vivir. He salvado vidas y las he quitado. He traído felicidad y desgracia y nada hace que una cosa compense a la otra. Sólo me queda disfrutar de los últimos días de mi vida, de intentarlo al menos, siendo incapaz de adaptarme de forma alguna a esta sociedad.

Seis semanas todavía. Muchas cosas que decir, disculpas por pedir y el único consuelo de encontrar la paz o la nada,

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