Conversando

Intento comprender el distanciamiento repentino que hemos pasado a tener, cómo de pronto las conversaciones vía whatsapp se han reducido a una respuesta por compromiso (cuando llega a haberla). Imagino mil cosas que hayan podido ocurrir e incluso me he disculpado por si hice algo que estuviera mal.

Creo que te has percatado de que me atraes y eso te ha hecho creer que mis intenciones van más allá de mantener una amistad. Sé que el hecho de que yo diga que respeto el hecho de que se tenga pareja no implica que vayas a creerme pero lo cierto es que hay muchos motivos por los cuales no tenía ni la menor intención de intentar sobrepasar la línea de la amistad.

Eres de ese escaso tipo personas que te hace sentir bien por el mero hecho de tenerte cerca, por eso se me quedaron cortas las nueve horas que pasamos charlando ese martes. Eres atractiva, sí ¿y qué? No creo que el hecho de que lo seas te impida poder tener amistad con más chicos y estoy seguro de que a la mayoría pensarán de ti lo mismo que yo. La diferencia es que yo no quiero a nadie en mi vida hasta haberla enderezado... corrijo, en mi vida sentimental pues obviamente si hubiera deseado poder tenerte como una amistad más cercana. El hecho de que seas mi amiga es un motivo más para no dejarme llevar en ningún momento, pues eso es algo que no hubiera querido perder (y que espero recuperar en un futuro, porque ahora siento que me huyes - bien pueden ser sólo percepciones mías, claro está). Tampoco me metería en una relación porque he sufrido lo suficiente como para no hacerle eso a una persona a una persona a la que no conozco pero de la que he escuchado hablar bien.

Lo único que deseo es sentir de nuevo esa conexión exclusivamente mental de sentirme comprendido y a la vez comprender, de poder reír y dejar que el tiempo vuelve mientras disfruto de la compañía de una amistad. Una de las pocas que me quedan.

Al final siempre se vuelve todo tan complejo pudiendo ser tan simple.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota