Preludio

Me enfrento mañana a un importante día en el que unos tipos que no conozco decidirán mi destino. He decir que tras los acontecimientos de los últimos días, las amistades demasiado dañadas que han de dejarse atrás, los problemas de casa que ha vuelto a estallar y mi estado anímico general en los últimos meses no espero que las cosas precisamente vayan a salir demasiado bien.

Creo que hace poco dije que no hay un septiembre bueno. Tengo varios recuerdos malos de cosas que me han pasado en este mes y entre ellos está el tercer aniversario que se cumplirá mañana, en unas doce horas más o menos, de ese correo en el que alguien, tratándome peor que un perro, me daba la patada de la forma más cobarde que podía haber hecho.

Seis años desde que la que fuera mi pareja cambiara de opinión y decidiese que en lugar de ir a Madrid para estar junto a ella lo mejor era que nos separásemos para siempre.

¿Mañana? Temo lo que pueda pasar, aunque lo cierto es que este septiembre ya he perdido a un amigo, y al fin de cuentas es lo que me ha pasado las últimas veces: he perdido a alguien importante en mi vida.

Al menos eso me permitirá intentar cerrar una herida manteniendo un ficticia conversación, más bien monólogo, en el que no podré aclarar nada pero al menos podré expresar todo lo que se me negó en su día.

Y no tengo mucho más que decir por hoy. Mañana será el día en el que el destino tire los dados y escoja cual es el nuevo camino que tomará mi vida.

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