La dosis de sedante se me ha quedado corta. Tomo la máxima permitida y aun así tengo que darme la licencia de tomarme alguna más durante el día en momentos en los que la desesperación y la frustración están a punto de hacerme explotar.

Hoy ha sido uno de esos días y, aunque he conseguido relajarme un rato tras doblar la dosis de la comida, una hora después ya estaban mis piernas  temblando.

Y a ratos lloro, no sé si por desesperación o angustia, si es mera impotencia o que diantres es lo que me ocurre, pero simplemente me hundo y deseo morirme o permanecer dormido el tiempo que sea. Quizá hasta que me muera. Sería como mezclar cuentos y sería "El bestio durmiente",  pues como a Bestia mis pecados y mis errores han devorado lo bueno que había en mí (aunque en el cuento simplemente estuvieran ocultos, en mi vida están más que muertos).

Y ahora, sin más, es así. Estoy con la lágrima cayéndome por la impotencia de ir contra un sistema en el que uno no parece tener nada a favor, en el que necesitas

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota