De vuelta

No quería ser muy explícito a la hora de decir en que iba a consistir mi aventura. Ahora, una vez ese cartucho ha sido quemado en vano, me siento libre para decir en que consistía el plan y dar las explicaciones pertinentes del porqué ha fracasado tan estrepitosamente, habiendo estado poco más de cincuenta horas en el lugar al que iba.

Llevo mucho tiempo sin notar etapas buenas, cada vez más estresado con el tema de mi futuro. Según avanza el tiempo las puertas se van cerrando y no encuentro solución alguna para mi espalda y mucho menos para mi cabeza.

Tras preparar los papeles pertinentes para solicitar la minusvalía aun sin esperanza de obtenerla, tras días de discusiones con médicos que se niegan a preparar los informes pertinentes a los que les obliga la ley; ver documentos perdidos o desaparecidos sin explicación alguna; viendo informes en los que no han reflejado lo dicho en la consulta, en las cuales admitían la parálisis y llamaban a las enfermedades por su nombre, algo que desaparece misteriosamente en los informes, la desesperación y la angustia se apoderaron de mí y busqué un lugar de escapada. Tras una de mis crisis, aunque esta vez logré controlarme y no hacer nada, tuve la idea de ingresar una temporada en el ala psiquiátrica del hospital, pensando que allí habría buenos especialistas con ganas de ayudarme.

He de decir que retrasé la entrada hasta poder hablar con las especialistas que me llevaban en salud mental, pero que con una de ellas acabé teniendo bronca y puse una hoja de quejas; completamente alterado conseguí hablar con la psiquiatra (la psicóloga no me atendió y de ahí me cabreo, pues cita tenía y cuando pregunté me contestó de malas maneras negándose a atenderme y simplemente echándome de allí). Por supuesto a ellos eso de hacer esperar a una persona más de una hora sin tan siquiera decir que se van a retrasar les parece muy normal y yo soy el raro por pensar que al menos debían avisar a los pacientes que esperamos si surge alguna urgencia o algún inconveniente por el cual no vamos a ser atendidos, o en caso de serlo será mucho tiempo después de la cita.

Por fin entré en psiquiatría, aunque también me tuvieron esperando varias horas en la sala de espera (de 13 a 17).

Finalmente sólo pude tener una sesión con la psiquiatra y la psicóloga en esas más de cincuenta horas que estuve allí; de cuatro veces que me  dieron pastillas, dos de ellas se equivocaron con la medicación y me dieron una que no me correspondía. Sobre el personal no puedo decir nada positivo, los pacientes les preocupan un bledo y pasan completamente de ellos. Por otra parte, la famosa integración mezcla personas con un cierto tipo de trastorno, como puede ser mi depresión (que ahora resulta que tengo dos depresiones a la vez, es el último diagnóstico) con dementes completos o esquizofrénicos agresivos. Los depresivos y los bipolares, más normales, haciendo piña entre nosotros y es la verdadera terapia que se puede decir que he tenido allí, porque el personal te ignora si puede y se preocupa bien poquito de que la gente mejore. Hoy más que nunca estoy a favor de la privatización tras comprobar el pasotismo total de los trabajadores del centro, que acusan del mismo a los recortes... ¿¡Qué no me atienda un auxiliar o un celador por ver el partido de la selección durante su horario de trabajo es problema de los recortes!?  Es alucinante la ineptitud de la gente.


A eso sumarle que pasábamos encerrados sin actividad alguna más de 13 horas al día. Luego debíamos dormir nueve. El primer día me levante a la una y media y estaban dormidos todos los enfermeros en su sala de estar.

El dolor vino a mí el segundo día y sin una ergonomía adecuada en el mobiliario era imposible que cesara. Pasé casi treinta horas con migrañas hasta que pude descansar en mi colchón.

Vuelvo a decir lo que dije en su día. La sociedad está creando a sus propios monstruos porque el día que explote, que no pueda más, lo de Troya pasará de ser una historia épica a una pequeña anécdota en comparación.



Al salir te das de bruces contra todos los problemas que pretendí dejar fuera. Sí ya salía mal, peor todavía me puse y me es imposible ya aguantar todo. Vuelvo a convertirme en Atlas y me veo obligado a aguantar el peso del mundo, pero sobre una espalda enclenque que puede quebrar en cualquier momento, y como el hielo del norte al acercarse la primavera, cada vez es más fácil que pueda resquebrajarse todo mi ser y que de una manera u otra arrastre a quien sea conmigo.

Un cartucho más que he quemado. Una opción menos. ¿Qué me queda ahora? No lo sé, pero cada vez se me va presentando más como única opción montar un escándalo enorme, llamar la atención de los medios sobre mi situación y la de todos los que están como yo. Si no sales en los medios eres un problema que no existe.

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