Una vida fácil
Esto viene enlazado del último párrafo de mi anterior post, que me lleva a rememorar cierta charla que tuve con mi madre, en la que hablamos de los errores que habían cometido como padres y en la que esperaba que le gritase o insultase. No soy así, no he tenido la vida fácil que muchos veían desde fuera y hemos padecido bastante en casa, en plano psicológico.
Gracias a la enfermedad de mi madre y a lo que nos ha hecho padecer en sus malos momentos con la excusa de la misma, yo he optado por la reclusión y el alejamiento. En realidad me doy cuenta de que es algo más que una enfermedad, es una especie de maldición que poseen ella y algunas de sus hermanas, y tan pronto pueden parecer las mejores personas del mundo como convertirse en auténticos demonios. Creo que jamás he tratado como lo ha hecho ella a un ser querido, pero siento ese mal dentro de mí, manifestado como esas ganas de explotar y unido a mi enfermedad me ha llevado a alejar a la gente, o a la gente la ha llevado a alejarse de mí al ver que no había solución.
No puedo culpar a mi ex por desahuciarme al darse cuenta de que cada vez la oscuridad iba aumentando en mi interior. Hubo muchos más factores y pude haberle dado mil motivos; el verdadero motivo que tuvo no lo supo nunca y ocurrió al comienzo de la relación, luego se convirtió en todo para mí y pese a ello fui incapaz de tratarla como se merecía; y ahora no me queda más que esperar que sea feliz.
La cuestión es que en mi niñez me enseñaron lo malvado que era mi padre, como se ausentaba de casa los fines de semana para marcharse a hacer algunas cuestiones de su hobby (los pájaros eran una de sus pasiones y algunas veces actuaba como juez en concursos de los mismos). Esos fines de semana que faltaba nos los pasábamos escuchando historias de lo mal que habían tratado a mi madre, de todo lo que había sufrido. Yo debía tener unos seis o siete años; y desde entonces en adelante, incluso cuando estuve deprimido por primera vez, mi madre me utilizo para descargar todos sus problemas.
El tiempo me ha mostrado la verdad. Como mi padre iba en realidad a aquellos concursos por el miedo que le tiene. Es increíble ver a un hombre callar y mirar hacia abajo, preferir dejar a sus hijos de mentirosos por el miedo a las consecuencias de contradecir a su mujer. Alcohólica en cierto grado, pues no hay día que la líe en el que no haya bebido (quizá no se tome diez copas, pero todas las noches se tomaba su cubalibre y ahora que nosotros nos estamos en casa puede beberse casi una botella de vino si se descuida, a veces incluso más).
Y desde fuera todos la adoraban y si pasaba algo los demás éramos los malos. Tiene incluso el valor de decirme que, en cuanto comencé a tener medio de locomoción propio, pase de no salir a estar el menor tiempo posible en casa. Sí, huí ciertamente dedicándome yo también al alcohol y más tardes a otro tipo de sustancias, pero necesitaba desconectar del mundo y entonces me valía con aquella forma.
Cuando dejó de funcionar, hace unos años, fue cuando me di cuenta de que quizá mi tiempo aquí ya había acabado. No veo la opción de la felicidad, he dejado de creer en la gente y he sufrido grandes decepciones (yo también he decepcionado mucho). Ahora es mi padre lo que me ata a este mundo y soy consciente de que su vida está en la cuerda floja. ¿Soy el que mejor lo asume? En realidad me apena mucho puesto que sé que él sí quiere vivir; sé que yo no seré el que apoye a mi madre esta vez, cuando mi padre se marche yo seré libre y consideraré cumplida esa promesa autoimpuesta de no matarme para no hacerles sufrir. Ahora soy consciente de quien es mi madre en realidad, de las dos partes que tiene y que se niega a ver.
Yo al menos conozco mis demonios y eso me permite mantenerlos bajo control, aunque para ello deba permanecer yo también encarcelado.
Lo único bueno de esto es que ya no me importa nada. No me importa mi futuro, no lo tendré. No me importa que no me hayan amado ni deseo que lo hagan.Yo sí lo hice en su día y con eso me conformo, he amado de formas diferentes y como dicen en cierta película, al final todos morimos solos.
Por hoy creo que basta de desvariar. Ahora toca pastillas, llanto y cama.
Gracias a la enfermedad de mi madre y a lo que nos ha hecho padecer en sus malos momentos con la excusa de la misma, yo he optado por la reclusión y el alejamiento. En realidad me doy cuenta de que es algo más que una enfermedad, es una especie de maldición que poseen ella y algunas de sus hermanas, y tan pronto pueden parecer las mejores personas del mundo como convertirse en auténticos demonios. Creo que jamás he tratado como lo ha hecho ella a un ser querido, pero siento ese mal dentro de mí, manifestado como esas ganas de explotar y unido a mi enfermedad me ha llevado a alejar a la gente, o a la gente la ha llevado a alejarse de mí al ver que no había solución.
No puedo culpar a mi ex por desahuciarme al darse cuenta de que cada vez la oscuridad iba aumentando en mi interior. Hubo muchos más factores y pude haberle dado mil motivos; el verdadero motivo que tuvo no lo supo nunca y ocurrió al comienzo de la relación, luego se convirtió en todo para mí y pese a ello fui incapaz de tratarla como se merecía; y ahora no me queda más que esperar que sea feliz.
La cuestión es que en mi niñez me enseñaron lo malvado que era mi padre, como se ausentaba de casa los fines de semana para marcharse a hacer algunas cuestiones de su hobby (los pájaros eran una de sus pasiones y algunas veces actuaba como juez en concursos de los mismos). Esos fines de semana que faltaba nos los pasábamos escuchando historias de lo mal que habían tratado a mi madre, de todo lo que había sufrido. Yo debía tener unos seis o siete años; y desde entonces en adelante, incluso cuando estuve deprimido por primera vez, mi madre me utilizo para descargar todos sus problemas.
El tiempo me ha mostrado la verdad. Como mi padre iba en realidad a aquellos concursos por el miedo que le tiene. Es increíble ver a un hombre callar y mirar hacia abajo, preferir dejar a sus hijos de mentirosos por el miedo a las consecuencias de contradecir a su mujer. Alcohólica en cierto grado, pues no hay día que la líe en el que no haya bebido (quizá no se tome diez copas, pero todas las noches se tomaba su cubalibre y ahora que nosotros nos estamos en casa puede beberse casi una botella de vino si se descuida, a veces incluso más).
Y desde fuera todos la adoraban y si pasaba algo los demás éramos los malos. Tiene incluso el valor de decirme que, en cuanto comencé a tener medio de locomoción propio, pase de no salir a estar el menor tiempo posible en casa. Sí, huí ciertamente dedicándome yo también al alcohol y más tardes a otro tipo de sustancias, pero necesitaba desconectar del mundo y entonces me valía con aquella forma.
Cuando dejó de funcionar, hace unos años, fue cuando me di cuenta de que quizá mi tiempo aquí ya había acabado. No veo la opción de la felicidad, he dejado de creer en la gente y he sufrido grandes decepciones (yo también he decepcionado mucho). Ahora es mi padre lo que me ata a este mundo y soy consciente de que su vida está en la cuerda floja. ¿Soy el que mejor lo asume? En realidad me apena mucho puesto que sé que él sí quiere vivir; sé que yo no seré el que apoye a mi madre esta vez, cuando mi padre se marche yo seré libre y consideraré cumplida esa promesa autoimpuesta de no matarme para no hacerles sufrir. Ahora soy consciente de quien es mi madre en realidad, de las dos partes que tiene y que se niega a ver.
Yo al menos conozco mis demonios y eso me permite mantenerlos bajo control, aunque para ello deba permanecer yo también encarcelado.
Lo único bueno de esto es que ya no me importa nada. No me importa mi futuro, no lo tendré. No me importa que no me hayan amado ni deseo que lo hagan.Yo sí lo hice en su día y con eso me conformo, he amado de formas diferentes y como dicen en cierta película, al final todos morimos solos.
Por hoy creo que basta de desvariar. Ahora toca pastillas, llanto y cama.
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