RE

Diría que rehabilitación, pero me quedo con el RE que implica repetición. Septuagésimo tercera sesión de rehabilitación y me tratan como si fuera la primera y no supiera de que va.

Cierto es que ha variado con lo que solían hacer en las sesiones que he tenido hasta ahora, pero de una forma ínfima y con consecuencias que, como probablemente comprobaremos mañana, no han variado.

Lo primero ha sido el cambio de las típicas descargas eléctricas por algo que hace de masajeador y que menea un rato los músculos. Obviamente me ha dejado un poco revuelto en el punto de las narices (para quien no lo sepa tengo un punto gatillo activado en la espalda, a la altura del omóplato), pero en las lumbares, aunque me las ha dejado algo doloridas, he notado el efecto.

Lo segundo odioso. Las malditas microondas, onda corta o como quieran llamarlo. No tolero los ultrasonidos en el punto gatillo y me he tenido que aguantar las lágrimas. La fisio se ha sorprendido y lo ha achacado a una mala postura (mañana saldremos de dudas).

El resto: estiramientos que llevo haciendo años y el truco de como quitarme yo las contracturas con una pelota de tenis, que me enseñaron en la unidad del dolor.

En resumen, aguantaré las sesiones que sean necesarias aun sabiendo que todo esto ya lo he hecho antes y no ha servido para nada; es más, los malditos ultrasonidos me destrozan  (si fuera un superhéroe, en lugar del vulgar villano que soy, sería mi punto débil).



Tras eso, llamada a casa para explicar algunos asuntos y larga conversación; por fortuna sobre cosas triviales en su mayoría. Y son las 00:04, y eso me da derecho a tachar otro día de mi condena. Tengo ganas de empastillarme, intentar dormir y comenzar el día de mañana; principalmente porque también tengo ganas de llorar y no quiero quedarme aquí, delante del único lugar en el que siento que puedo ser completamente sincero e irme a dormir con esa sensación de desesperación que suele acosarme.

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