Mi cuerpo y otra larga desvariación

Sin más. Dejémonos de cosas importantes y trascendentales y vayámonos a lo puramente físico, enumerar mis cicatrices, esas que se ven pero no duelen, por escribir alguna chorrada en estos últimos días que me quedan antes de partir a mi nueva vida.

De arriba a abajo, sé que he tenido varios golpes en la cabeza que han sangrado, al menos un par de ellos quedan cubiertos por el pelo y creo que sólo uno, por ser corte, ha dejado marca, aunque podrían ser más. Dos en la frente: mi primera caída de "motero" que fue de un triciclo y otra contra la esquina de una mesa, que por lo visto fue bastante gorda (aunque de esa no recuerdo nada porque era un mico total cuando me pasó).

Una en la mejilla. Quemadura que sustituye un lunar bastante grande que me acompañó hasta hace un par de años (ya me la habían quitado por métodos más arcaicos en 2004 pero volvió a salir, parece ser que esta vez es permanente).

En la sien, hecha por el golpe del cargador de una pistola ("accidente" que pudo evitarse).

Una bajo la barbilla, que pocos puede ver, producida por un golpe contra el suelo por una caída desde una furgoneta en marcha.

Cortes en el torso. En el pecho hechos por cuchillas. Otra en la espalda, más abajo sobre la zona lumbar, producida por los escombros de un muro que alguien tiró sobre mí (sin querer) mientras buscaba una mi linterna.

Los cinco puntos de la operación de apendicitis y la fina línea que dejo, apenas perceptible. Y en su lado opuesto algo semejante al zarpazo de un tigre que me gané en una de esas noches locas en las que me perdía en un torbellino de locura para intentar escapar de esta realidad.

Cerca de cuarenta centímetros de corte hecho con alambre en la pierna derecha, desde la parte superior del muslo hasta debajo de la rodilla, haciendo una zeta. Marcas en las rodillas de múltiples quemaduras de asfalto, así como en los codos y los laterales de la cadera.  También un corte en el muslo izquierdo proveniente de una gracia que salió peor de lo que yo esperaba y que acabó con un pantalón roto y una pierna llena de sangre.

Una marca en la espinilla izquierda debida a la picadura de una araña diminuta; o más bien a su mordisco.

Cortes en los dedos corazón de ambas manos. La izquierda por la apertura de un botellín de cerveza con una navaja y los dos de la derecha, por uno de los muchos accidentes de moto que tuve, en el que golpee la ventana trasera de un coche con el puño derecho.

Una quemadura hecha por mi hermana, cuando éramos pequeños, con un bombilla en una de mis manos y que apenas se nota ya. En esa misma mano, la derecha, un minúsculo corte arreglando la Derbi Variant de un amigo. Un corte minúsculo que se ha negado a desaparecer, quizá para hacerme recordar la temporada en la que ellos formaron parte de mi vida.

Un corte en el antebrazo, hecho al mismo tiempo que la gran cicatriz de mi pierna. Nada grave.

Más los secretos que se ocultan en esos mis antebrazos, en los que he intentado liberar mi dolor de alguna forma irracional. Decenas de líneas recorriendo el mismo camino que las venas, perpendiculares a ellas o trazando un simple cruce. Escritas en mi piel con diferentes instrumentos, inútiles todos ellos a la hora de ayudarme.

Quizá debiera contar también las internas... y no, no voy a entrar en el apartado psicológico sino aquellas que no se ven. Dos premolares arrancados sin necesidad por un dentista inútil. La operación de las cuatro muelas del juicio y un amago de extirparme las amígdalas, estando a punto de perder la campanilla en el intento, por un pequeño juego que no salió tan bien como yo esperaba.


Ninguna de ellas me duele, por mucho que puedan verse y asustar a la gente. Me duele aquello que los médicos admiten oralmente y se niegan a escribir, por miedo a perder las primas que reciben, a tener que declarar en un tribunal médico  o a saber por qué otra razón oculta.

"Profesionales" que se niegan a cumplir con su juramento y a preocuparse de lo que debiera ser lo principal para ellos: el bienestar de los pacientes. Luego los escuchas quejarse de la privatización y de lo mucho que eso perjudicará nos perjudicará... Miedo a perder privilegios puesto que a la mayoría, no a todos por fortuna, les importamos un carajo (y yo hablo desde mi experiencia, aunque sería curioso que todos los médicos fueran geniales y me hubiera tocado a mí precisamente la recua de... iba a decir incompetentes, pero puesto que lo hacen de forma intencionada y no por desconocimiento, supongo que el calificativo a usar debería ser mucho peor).


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