Aquella niña de diecinueve años

Es tanto el tiempo que ha pasado que apenas puedo recordar los años. Fue el verano de 2003, en un concierto de música que los amigos de mi colega Rubén daban en Malpartida.  Yo siempre he tenido gustos muy concretos para la música y no soy ni mucho menos un entendido de los clásicos del rock, así que desconocía las canciones, pero por aquel entonces yo era otra persona completamente distinta a la que soy ahora: todavía estaba vivo.

En mitad del concierto intentaron animar al público y les acercaban el micrófono, pero nadie cantaba ni hacía nada, sólo se apartaban; en una de esas me lo acercaron a mí, que aunque conocía el tonillo de la canción desconocía la letra por completo y en lugar quedarme parado pegué un berrido metalero (berrido por lo mal que sonó y no por definir la forma de cantar de muchos grupos de ese tipo de música). Y bueno, nos reímos y seguimos a lo nuestro, haciendo el idiota en primera línea como siempre, importándonos todo poco salvo el hecho de disfrutar de una forma sana y llena de risas de nuestras tonterías. 

Entre uno de los cambios de canciones, mientras descansaban y decidían que iban a tocar de nuevo una chica que me pareció muy agradable se me acercó y me dijo que cantaba muy bien. No pude evitar reírme y preguntarle si lo estaba diciendo por lo mal que lo había hecho. Y así entable mi primera conversación con ella, de apenas cinco minutos y sin darle mayor importancia, pensando que era una persona agradable que no volvería a cruzarse en mi camino.

Cuando acabó el concierto nos fuimos con los músicos a tomar unas cervezas. Exactamente Rubén pidió una cocacola sin y una cerveza light, para mí, que era el conductor (ahora podría sí existe la cerveza light pero en 2003 todavía no la vendían). Un segundo de silencio, risas y más risas, y volver a pedir esta vez de forma correcta. 

Los chicos del grupo entraron junto con dos chicas más; Loreto y Carlota (las hermanas de dos de los músicos). Esta última, sorpresa grata para mí, era la chica con la que había estado hablando en el bar. Charlamos un rato más, no demasiado pues quizá allí estuvimos sólo esa cerveza, 20 minutos o media hora mientras descansaban antes de volver a su casa.  Lo cierto es que me calló realmente bien, fue de estas personas que te calan en un momento, aunque nunca pensé que llegaría a tener la importancia que luego cobró en mi vida. 

No recuerdo cuando volvimos a encontrarnos, creo que fue en la facultad. Unas charlas, hablar un poco e ir entablando amistad. Un día una cerveza aquí, otro día allí y poco a poco se fue colando en mi vida (y yo en la suya, supongo) por lo mucho que disfrutaba de su compañía. Creo que era obvio que ambos sentíamos algo de atracción hacia el otro pues en apenas un mes éramos inseparables; juntos a cada rato libre y charlando de todo. De todo salvo de que tenía pareja. ¿Cómo me lo comentó? Pues lo cierto es que ella misma sabía que me afectaría pues no salió de forma natural en la conversación y creo que muchas veces omitió, sin llegar a mentir, información al respecto.  Pero para mí era tarde, en ese momento no sólo le tenía un cariño enorme, también la deseaba con todas mis fuerzas. 

Tuvimos alguna discusión después hasta que quedamos un día en el bar La Habana para hablar del tema. La cosa estaba clara: había atracción mutua, ella tenía su pareja y no iba a renunciar a ella; yo la deseaba demasiado como para compartirla con nadie, eso era para mí más doloroso que verla con otro. Sabía que eso destruiría nuestra amistad y no quería que lo hiciera por nada del mundo, así que seguimos siendo amigos durante mucho tiempo. 

Si hubo un día, en un concierto de música celta, en el que ambos estábamos en un palco en el que nadie podía vernos y jugamos a arriesgarnos; juntamos nuestros labios, apenas los separaron un par de centímetros, y eso ya es exagerar. Ella seguía teniendo pareja, pese a estar mal con ella pero mi deseo había crecido y no pude evitar tontear, y aunque fui yo el que acercó mi boca a la suya sin que se apartara ni un milímetro, quería que fuera ella la que diera ese último paso, que no pudiera culparme en el futuro de lo que pudiera pasar. No lo hizo. 

Pasamos muchos días juntos y muchas fueron las veces que desee abrazarla y comerme sus labios; pero siempre pasaba algo, nunca llegue a atreverme, incluso en el pequeño periodo en el que coincidimos estando solteros todo se truncaba. Así que al final nos quedó la amistad y un gran cariño, o eso pensaba yo. 

Mi relación Alicia, ella estudiando en Valencia y poco a poco nos distanciamos. Intenté recuperar su amistad en un par de ocasiones, quedar con ella en una visita que hice a Valencia quedó en llamarme para concretar la hora para tomarnos unas cervezas y hablar de esos años separados, pero no cumplió.

Tiempo después recibí una llamada suya cuando volvió a Cáceres. Cinco años ya habían pasado y charlamos como amigos ya, sin más, la pasión había quedado disipada hacía mucho tiempo atrás y yo creía que al menos tenía su amistad, algo realmente valioso para mí.  Volvió a irse fuera, esta vez a Tenerife, pero de muy de vez en cuando nos escribíamos un pequeño correo e intentábamos hablar un par de veces al año. 

Volvió a estar aquí otra temporada y comenzamos a quedar algo más a menudo, hasta que el tres de diciembre de 2009 decidió dejar de hablarme. Pese a ello, fui yo quien volvió a insistir y luché por recuperar la amistad, y durante los años siguientes parecía que había sido así, aunque de nueva ella estaba fuera de aquí y nuestra rutina era la de un par de cafés al año. No me importaba demasiado porque lo importante era que formaba parte de mi vida, aunque fuera una parte pequeña de la misma en el tiempo, era una parte grande en cuando a valor sentimental. 

Puesto que esto es una entrada de mi blog y todos los que lo seguís sabéis lo que ha pasado con mi vida y como soy, así como cuales son mis deseos y las cosas que he hecho, pues sólo decir que en 2011, un par de semanas después de salir de uno de mis episodios de urgencias que tantos disgustos han dado a la gente (a mí incluido, pues salí de allí), mis amigos quisieron hacer una fiesta en mi casa, en plan tranquilo, con aquellas personas que me querían. 

La invité y no contestó. No era el primer correo mío que ignoraba ese año, para ser honestos, pero sí el que más me dolió, puesto que con un simple "No puedo ir, o no voy a ir" me habría bastado. Mucha gente no contestó, pero fue ella la ausencia de esa respuesta la que me dolió, el ver que ya no era tenía ni dos minutos para responderme después de todo lo que había sido para mí. 

Así que después le escribí un correo, no rompiendo la amistad, pero si diciéndole que era yo quien había cuidado mucho de que se mantuviera, e incluso para ser amigos debíamos ser dos. Le dije que yo no la llamaría más, pero que estaría aquí si alguna vez quería llamarme, pues seguía siendo mi amiga y la seguía queriendo como tal, aunque me hubiera cansado de tener que cuidar yo de dicha amistad. 

Dos años y medio más tarde no he sabido nada de ella.
En realidad me han pasado tantas cosas y han sido tantas las personas que han fallado que sólo ha quedado en un mezcla de decepción esperada, aliñada con el dolor de la pena de perder a quien ha sido tan importante para ti. 

Y aunque ya pensé mucho en su día en ello, hoy el recuerdo ha vuelto y aprovecho para quitarme la espina y sacarla a modo de escrito; y también para decirle que pese a todo, yo nunca olvidaré a aquella chica de 19 años que conocí hace tanto tiempo ni los buenos momentos que compartí con ella. 

Una lástima que tantas cosas se rompan sin poder volver a repararse. 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota