Prisionero del dolor




Años de lucha intentando llevar una vida normal tras aquel catastrófico día que tanto me marco. Es muy fácil decirle a la gente eso de levántate y lucha cuando no es uno mismo el que tiene que hacerlo. Y la lucha dura más de ocho años, con otros muchos golpes recibidos en el camino, intentando día tras día levantarte y luchar, cada día con menos motivos, hasta que mi lucha se ha visto convertida en una mera resistencia por mis padres.
No veo el momento en el que pueda dejar de sufrir. ¿Que mi cabeza está mal?¿Cómo pretende la gente que funcione después de ocho años de dolor físico, que aunque a temporadas haya variado, lleva años haciéndose más fuerte (o yo más débil)? 

Querría poder estar bien y llevar una vida normal, pero la gente no comprende que vivo esclavizado  por una situación que no puedo controlar. No sé cuando los achaques me aplastarán, cuando lloraré por desesperación o cuando lo haré por el propio dolor que siento en mi cuerpo. Me importa poco el leve cojeo que me ha quedado, así como que mi brazo derecho no se mueva mientras camino, mientras pueda moverlo de forma voluntaria para el resto de las cosas (no exento del respectivo sufrimiento por hacerlo). 

Desearía tener muchas más fuerzas de las que me quedan; tener una ilusión real por las cosas, más allá del no causar daño a mis padres. Ha llegado el momento en el que el dolor lo ocupa casi todo, el resto lo ocupa el temor a que el dolor vuelva a aparecer.

Mi cuerpo es una cárcel que me tortura la mayoría de los días, que no me permite descansar ni dormir, que llena mi cabeza de pesadillas por las noches y me angustia durante el día o me tortura con un dolor que cada vez soy menos capaz de tolerar. 

Y aunque me vea obligado a aferrarme a la vida que nadie se atreva a juzgarme por querer escapar y dejar de sufrir.

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