Otro informe más
Cada vez escribo menos y es que no son demasiadas las novedades que tengo que contar, o que aunque sienta que quiero desahogarme intento buscar una forma distinta de no pensar en ello, en lugar de venir aquí a desahogarme.
Por un lado las actividades que he realizado son pocas: estoy recopilando información con la esperanza de conseguir la minusvalía, aunque soy consciente de que es algo prácticamente imposible en estos tiempos, no tengo nada que perder por intentarlo. En esa lucha ya he tenido que enfrentarme a un par de médicos y quizá tenga que tomar alguna que otra medida, algo que ya se irá viendo según avancen los acontecimientos.
La parte física ha empeorado. Los parches me calman, pero las pastillas han traído consigo algunos efectos de esos que denominan secundarios. Tengo hambre, abro el frigorífico y me entran ganas de vomitar al ver la comida, a veces no pruebo bocado y otras devoro; el estómago suelo tenerlo revuelto y las fuerzas me fallan bastante, por lo que tengo la casa completamente patas arriba. Espero acostumbrarme pronto o acabaré siendo un mueble más.
Algunos días he conseguido hacer ejercicio, pero he de admitir que se me saltaban las lágrimas y que más de un par de minutos antes de llegar a finalizar mi sesión.
La espalda me mata en cuanto me quito los parches, en un ataque de locura (de esos típicos en mí) casi me clavo un cuchillo en la espalda para ver si así conseguía cesar ese dolor, aunque fuera cambiándolo por otro (y teniendo en cuenta que podría perder aún más movilidad de la zona derecha). También es cierto que cada vez cojeo más, aunque por fortuna es bastante leve y no se nota demasiado si no ando rápido.
La moral: mal. Lágrimas a diario, quizá no muchas, también porque intento no dejarlas escapar. El caso es que ya ni tan siquiera se cual es el motivo, simplemente me hundo y no me dan ganas más que de tomarme los relajantes y dormirme. En realidad desearía tirarme todo los días durmiendo.
Además está el añadido de que a mi padre le han detectado un problema cardiaco bastante grave, por lo que tengo que fingir que estoy mejor de lo que estoy pues no está su cuerpo para aguantar más de lo que ya lleva.
En cuanto a la psicóloga, como con casi todo el mundo, cuando se trata de hablar cara a cara, acabo bloqueado y no sé muy bien que expresar, que decir que busco o que piensa ella que estoy buscando. Sé con qué me conformaría yo, un trabajo con el cual no molestar a nadie ni ser una carga para nadie y una vida que pase desapercibida a los demás. Pero no se trata sólo de como conseguir eso, también he de saber si puede ayudarme a afrontar mi malestar, a averiguar el porqué puedo ponerme a llorar sin que haya un detonante aparente y me hunda en el fango de mis miserias. Supongo que además de pensar en todo lo que hemos hablado, escribiré algo más parecido a lo que siento, a lo que creo que falla en mí para ver si así encuentra una forma mejor de ayudarme, puesto que en realidad tengo la sensación de que no ve demasiadas posibilidades en mi mejoría (siendo honestos, por ahora no he mejorado con lo que hemos hablado y la mayoría de las cosas sí que me las había planteado, aunque a veces no quiera ir de listo y finja no haber pensado en ello ya).
Y bueno, creo que finalmente he hecho un escrito bastante más extenso de lo que pensaba; quizá mañana me anime y escriba en alguno de mis otros blogs sobre tonterías, o estrene ese en el que quiero hablarle de la vida a una niña de cuatro años, aunque por el contenido no deberá leerlo hasta dentro de más de una década.
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