El monstruo tras la máscara

Comencé una agradable charla ayer con una amiga de internet, con la que llevo cerca de cinco años hablando (aunque exclusivamente a temporadas). Tras una mala temporada comenzó a preguntarme el motivo de que no dijera cosas sobre mí, pues aunque sea bromeando no soy de echarme falsos piropos o de mentir sobre mis cualidades (sin aclarar de inmediato que es una broma).
Poco a poco entro en conversación, me comentó que ya era consciente de los problemas que tenía. Obviamente yo me imaginaba que exclusivamente había comentado con ella una parte de los mismos, la parte que podría denominarse pública: mis problemas físicos y el hecho de que tenga depresión; pese a que quizá dicho así parezca que es todo, aquí no se habla del día a día, de sentimientos personales y demás, pues algo que evito hacer con conocidos, aunque algunos sepan parte algunos hechos sueltos, no creo que nadie sea consciente del conjunto completo de los mismos, salvo yo mismo.

La cuestión es que puedo admitir que me he rendido en mi lucha, que aunque desearía tener fuerzas para continuar y desear mejorar cada día, ya no veo opciones de que ello pueda ocurrir. Al mirar al futuro sólo veo sufrimiento y, a pesar de todo, sigo aquí (más por cosas del destino que por propia voluntad) aguantando para no hacer daño a mis seres más cercanos. ¿Que aparto a la gente? Sí, no lo niego. No quiero tener a gente demasiado cerca, no quiero causar más daño del preciso cuando llegue el momento en el que no tenga que resistir por mis padres.

No veo egoísmo en ello. Vivo y sufro por los demás, jamás le niego la ayuda a mis amigos (e incluso a conocidos) y aquellos que realmente me han conocido lo saben, así como saben que si queda algo de lo que un día logre ser, debe de estar enterrado en lo más profundo de mi ser, por mucho que finjan que sigue ahí.

El día que perdí la esperanza fue el día que morí. Ahora no soy más que un mero zombi de cara sonriente, puede que sea capaz de ayudar a los demás, pero ya no le veo alicientes a la vida y no la deseo. Negarlo sólo puede traer más dolor a terceras personas y de ahí el hecho de que mantenga las distancias con los demás.

Este hecho me ha recordado porque he de llevar máscara ante aquellos que me conocen en persona, porque he de fingir ser "normal" y mostrar una falsa felicidad. Pocos aguantan a la criatura que realmente soy, en lo que me he transformado. Y como es lógico, huyen de mí.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota