Envidia
Envidio a aquellas personas que son incapaces de comprender mi estado de ánimo. Desearía tener yo esa simpleza, esa incapacidad para pedirle a la vida algo más que poder comer y respirar. Yo no soy así, necesito motivos, ya sea para saciar mi conocimiento o para motivar mis, ahora ausentes, ganas de vivir.
¿Es vivir simplemente eso? Yo no pedía demasiado a la vida, no deseaba ser famoso o lograr mil éxitos, simplemente buscaba la sencillez, que no la simpleza, de tener un trabajo que me dejara tiempo para pasar buenos momentos, para reír con mis amigos y disfrutar de una buena compañía.
Eso era antes de romperme. Como un reloj estropeado mi mecanismo interior cada vez funcionaba peor, hasta que tras varios golpes acabó por cesar en su funcionamiento.
Y así la comida ha perdido su sabor, el aire no anula mi sensación de asfixia y los colores quedaron reducidos a grises... Pero todavía te dicen que debes alegrarte por estar vivo, que es que no luchas lo suficiente. Pues es cierto, no lo hago, no encuentro causa alguna que me motive a luchar, para mí vivir así es estar muerto ya, quizá peor pues en la muerte no sufriré, mientras que en esta prisión no hay un día en que no llore o no grite, aunque su fachada no lo muestre.
Mas con los deseos se ha de tener mucho cuidado; demasiadas veces se me han cumplido, deformes, para que algún ser burlón pueda reírse de mí. Ya envidiaba a los torpes por su incapacidad para percibir el mundo, y de ellos me he quedado sólo con esa parte de su torpeza que les impide aprender, pero siendo consciente de mi nueva estupidez, de mi incapacidad para centrarme o mejorar. O he deseado volver a amar sólo para que rompieran lo poco que quedaba sano en mí.
Ya he aprendido a no soñar. A no esperar. Y como reza el dicho, sólo me falta perder la vida, pues la esperanza ya se desvaneció y no tengo deseo alguno de recuperarla.
¿Es vivir simplemente eso? Yo no pedía demasiado a la vida, no deseaba ser famoso o lograr mil éxitos, simplemente buscaba la sencillez, que no la simpleza, de tener un trabajo que me dejara tiempo para pasar buenos momentos, para reír con mis amigos y disfrutar de una buena compañía.
Eso era antes de romperme. Como un reloj estropeado mi mecanismo interior cada vez funcionaba peor, hasta que tras varios golpes acabó por cesar en su funcionamiento.
Y así la comida ha perdido su sabor, el aire no anula mi sensación de asfixia y los colores quedaron reducidos a grises... Pero todavía te dicen que debes alegrarte por estar vivo, que es que no luchas lo suficiente. Pues es cierto, no lo hago, no encuentro causa alguna que me motive a luchar, para mí vivir así es estar muerto ya, quizá peor pues en la muerte no sufriré, mientras que en esta prisión no hay un día en que no llore o no grite, aunque su fachada no lo muestre.
Mas con los deseos se ha de tener mucho cuidado; demasiadas veces se me han cumplido, deformes, para que algún ser burlón pueda reírse de mí. Ya envidiaba a los torpes por su incapacidad para percibir el mundo, y de ellos me he quedado sólo con esa parte de su torpeza que les impide aprender, pero siendo consciente de mi nueva estupidez, de mi incapacidad para centrarme o mejorar. O he deseado volver a amar sólo para que rompieran lo poco que quedaba sano en mí.
Ya he aprendido a no soñar. A no esperar. Y como reza el dicho, sólo me falta perder la vida, pues la esperanza ya se desvaneció y no tengo deseo alguno de recuperarla.
Comentarios
Publicar un comentario