Recuerdos

Las imágenes se tornan borrosas con el paso del tiempo. Los sentimientos del momento se mezclan con los que vinieron después. Muchos de esos momentos debieron permanecer inmaculados, intento mantenerlos lo más completos posibles, fieles a la realidad de la que surgieron. Sé que muchos han sido cambiados, con otros he de rascar un poco para ver la verdad; otras veces demasiado.

Los momentos, mis tesoros, acaban volviéndose humo y por mucho que yo quiera no podré retenerlos por siempre. Espero al menos que se queden conmigo lo suficiente.

Y luego están las personas. No sólo ellas, me refiero a todo lo que evocan sus imágenes, lo que viene con ellas; todo eso que se ha ido adhiriendo por mis vivencias, contaminando su verdadero ser.

Así pues cuando recuerdo a Nani o Lota, ambas amigas que desaparecieron de mi vida hace mucho, no sólo las veo a ellas, siento también los buenos momentos, las risas y la complicidad, mezcladas con todas esas veces que hicieron su vida y se olvidaron de mí, que olvidaron que yo siempre estuve allí cuando caían, que siempre estaba mi mano tendida para ayudarlas a levantarse y que cuando grite pidiendo su ayuda, cuando las necesite no respondieron a mis llamadas. Y así el grato recuerdo de años de amistad se agría y deja este extraño sabor salido de la unión del cariño y la decepción.

Existen otros casos en los que recordar a una persona lo que trae es un recuerdo de tu fracaso, de tus errores y tu mal hacer. Puede ser el caso de una amiga a la que aprecio mucho y que en este breve lapso de tiempo siempre se ha preocupado por mí, pese al daño que le haya podido a hacer.

Está esa enorme amalgama de sentimientos que me produce el recuerdo de Alicia; el cariño que no puedo perderle y que todavía es mayor que la tristeza de saberla perdida para siempre, que iguala al sentimiento de culpa por todos los errores que cometí, por todo aquello que no debí hacer. Trae su recuerdo consigo la persona que llegué a ser y que creo haber dejado en el pasado. Y cada vez que se pasea por mi mente la añoranza de esa amistad que destrocé, que ambos matamos, se apodera de mí.

Existe otro recuerdo, uno que me quitó el sueño, me dio la alegría, me convirtió en presa del pánico y asestó su golpe fatal. Es un recuerdo cambiante, pero trae consigo algo que no lleva ningún otro: su ausencia.
Casi he olvidado lo que viví cuando estaba en mi vida, he de hacer un esfuerzo para que esos instantes aparezcan en mi memoria; sin embargo cada vez que se cuela en mis pensamientos siguen a su imagen decenas de sensaciones, comprimidas en un sentimiento denso. Son aquellas que he vivido durante estos dos años, la tristeza, la pérdida, las ganas de olvidar, de desaparecer, de morir. El dolor intenso aparece como si algo hubiera apuñalado a mi alma. Tal vez incluso sea así.

Y aunque el tiempo pudiera borrar todo esto de mi memoria, dudo de que queden días suficientes en mi existencia para que pueda conseguirlo.

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