201211071137

Me he levantado hoy pensando que sería un día normal. Suelo despertarme bastante despejado pues no llego a alcanzar un sueño demasiado profundo por las noches. Me he sentado a ver la televisión mientras me tomaba un nescafé con leche fresca y he cometido el grave error de querer enterarme como va el mundo viendo las noticias; no he podido evitar ver todos esos sucesos que suelen ponerme de muy mal humor y he completado la situación viendo el pronóstico de este país para el futuro. Todo lo pintan negro, entiendo que es el color que por desgracia tiene para muchos de nosotros el mirar al mañana.

Llevo demasiado tiempo así y no quiero ni imaginarme cuánto más tendré que aguantar en esta situación, que pese a todo puede ser mejor que la que muchos tienen, pues por ahora no me falta ni techo ni comida. Si me arrebataron hace mucho el sentimiento de ser útil, de ser capaz de valerme por mi mismo; mi esperanza marchitó ya en todos los aspectos y todos mis intentos de resucitarla acaban en fracasos.

He intentado evadirme en otras fantasías sobre el futuro. Posiblemente venga un amigo durante unos días para ver si entre los dos nos obligamos a coger hábito de estudio, así como otras rutinas que van a sernos bastante necesarias, y me he querido pensar en como vamos a organizar nuestros días.

Incluso en estos pensamientos tan simples acaban colándose entes, aunque puede que deseados,  no bienvenidos. Supongo que el hecho de que algo ya no importe no quiere decir que deje de doler.

Comentarios

  1. lo mejor de todo, es poder evadirse de todo, no vale la pena mirar hacia delante, tienes que saber mirar por tu mismo, mirar para ti solo para ti.

    ResponderEliminar
  2. Lamentablemente las cosas están decayendo un poco, pero no es motivo para empeorar uno mismo.
    Eso de que vaya tu amigo para tomar el hábito de estudio te vendrá bien, intenta aprovecharlo y no darle muchas vueltas al asunto.

    Un beso :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Firme

Una Tarde

El sexo idiota