Quitándome la venda
Al plantearme sobre que iba a escribir en esta entrada pensaba en hacerlo sobre unas palabras que, sacadas de una conversación completa, me animaban a mejorarme a mí mismo para volver a ser lo que un día fui, aunque durante un breve período de tiempo.
Sin quererlo y cuando venía a escribir algo positivo, en plan: "Ei, tío, tengo que cambiar", me he dado cuenta de la de frases que hubo en dicha conversación que contradecían este hecho. Las palabras en cuestión, que intentaban inspirarme y durante un tiempo lo hicieron, hablaban de que tenía que cambiar porque fuera lo que fuese lo que vieran en mí aquel verano de hace dos años, si algún día se dieran las circunstancias y me cruzase con otra persona similar a ella sería imposible que se fijase en mí.
Luego me han venido otras muchas afirmaciones hechas en otro momento de la conversación, en las cuales se me mostraba el punto de vista que la otra protagonista ha dado. No las promesas y frases que me susurró una y mil veces, sino la verdad que contó a quien creo que es su mejor amigo. No había sido más que un rollete y no había nada más. Y aunque en otras circunstancias, supongo que para animarme, siempre me ha dicho que se sentía muy mal por mí (dando la impresión de que en el fondo al menos le preocupó hacer daño a una persona), en otra de las frases confesó que jamás hablaban de mí, salvo en una circunstancia concreta en la que, como un imbécil, tras una conversación con nuestra amistad común, pensé que se sentía culpable por mi situación y escribí una carta, que obviamente pasó censura para asegurarme de que no podría hacer daño, liberándola de toda culpa de mi circunstancia actual.
Y lo que decía la carta era cierto, no puedo culparte de ella. Estaba mal antes de conocerte, puede que después haya quedado peor todavía. No te culpo por mi situación y simplemente el dolor proviene de que no puedo quitar a la "Noe ideal" (como diría Platón), pues a la real no me dio tiempo a conocerla. Sin embargo si puedo culparte de cobardía, de no haber tenido el valor de dar la cara, de mirarme a los ojos y mentirme sin titubear, de jugar con una persona para sentirte bien y construir tu propia venganza hacia otra.
Deseo creer que alguno de los momentos que vivimos fue real, pero ya sólo soy capaz de dudarlo. Voy teniendo noticias de ti y no veo en ningún lado a la idea de la que me enamore, en su lugar hallo a una persona débil y sumisa, incapaz de valorarse y que no podía sino temer lo que yo le ofrecía: Libertad. Necesitas esa sumisión a tu pareja, ese control e incluso su violencia.
Mi mano ha estado demasiado tiempo tendida y jamás has mirado para acá, creo que ha llegado el momento de retirarla. Ahora, toma la suya, esa que tantas veces alza y espera el día que llegue a descargarla. Ni entonces te darás cuenta de ha que vida has renunciado.
Y yo debo abandonar mi fantasía de la pobre chica que necesitaba ser rescatada y sustituirla por la realidad, la de la chica que no quiso ser libre, que fingía serlo mientras supiera que alguien la controlaba. Y sé una cosa, que ese jamás seré yo.
Comentarios
Publicar un comentario