Yo contra mí.

Una  parte de mí deseaba haber escrito ayer por la noche, un día que se presentaba como prometedor había quedado truncado sin un motivo de peso. Cuando llegué a casa tuve que echar mano de los tranquilizantes, un par de veces por falta de efecto, para viajar pronto al reino de Morfeo y así cambiar de día antes de reventar y escribir un millar de cosas aquí.

Ayer logré madrugar, aproveché la mañana estudiante, tuve que hacer una gestión con la administración y pese a que la funcionaria que debía atenderme se había marchado a tomar un café, otro compañero suyo se ofreció amablemente a solucionarme todo él, y así lo hizo con gran rapidez. Aproveché que el depósito de mi montura comenzaba a agotarse para permitirme el lujo de cabalgar un poco bajo ese sol tan espléndido que tocaba con sus brazos mi ciudad. Me vi tentado a seguir devorando kilómetros a lomos de mi máquina, disfrutando ese tiempo tan favorable para montar, y así desconectar de todo pero decidí volver. Aproveché la mañana estudiando.

Fue antes de comer cuando, charlando con una amiga, comenzó mi cabeza a hacer de las suyas. Me propuse ingorar esa sensación y lo hice dedicándome nuevamente a mis temas.  

Tiendo a encerrar los sentimientos en un baúl y a sentarme encima esperando que se cierre y que, independientemente de la cantidad de ellos que guarde allí, se mantenga cerrado. No es un buen plan, a veces explota. 

El detonante fue lo que yo considero un fracaso total en en uno de los exámenes de oposición. En principio creí que había sacado un siete, haciendo al revisión en casa me di cuenta de que había marcado como incorrectas varias preguntas que sí había contestado bien y que una de las preguntas realizadas no pertencía al tema en cuestión; en total la nota debe de rondar el ocho. Hubo un tiempo en el que para mí sólo existía el aprobado y el suspenso, pero ahora estoy intentando cambiar. Necesito mucho más si quiero cambiar mi situación y librar a la gente que quiero de la carga que represento. 

Vivo un conflicto permanente con lo que soy y aquello que deseo ser. Pese al dolor físico que me produce y mis limitaciones, hago ejercicio con asiduidad en un esfuerzo por dejar de despreciar la imagen que veo cuando me miro al espejo. Nunca fui un gran estudiante, es cierto que nunca me intereso serlo; pero ahora, necesito ser el mejor en esto para conseguir librar a los demás del problema que represento, librarles de cargar conmigo de una forma mucho más dura que la que elegí alguna vez en el pasado. 

Me enfrento pues a mis secuelas, a las físicas y a esas que sólo ocultan mis gafas de sol. El dolor de quien se ve, psicológicamente, mucho más limitado de lo que estuvo en el pasado; agravado además por mi recorrido constante de un camino de tristeza crónica, soledad y oscuridad.  Un camino que sé, debo de recorrer solo para evitar contagiar mi dolor a los demás.


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