Impulsos

He relatado aquí algunas historias de mi juventud, esas pequeñas locuras que hacía dejándome llevar por mis impulsos. El tiempo ha pasado y podría decir que he madurado bastante, generalmente me guío por la lógica en lugar de por mi sentimientos, pues normalmente el dejarme llevar no me ha traído demasiadas victorias, más bien casi ninguna.

Intento recordar algún momento en el que haya dejado esos sentimientos de lado para utilizar la lógica; creo que parte de mi fracaso se debe a eso, aun teniendo una mente muy lógica apenas la escucho a la hora de tomar decisiones. Salvo una vez y tampoco me fue muy bien, aunque parte de esa historia esté aún por concluir.

Me refiero aquí al piso que estoy comprando, en realidad no lo hice convencido y muchas veces siento que, pese a ser una auténtica ganga, es un ancla que ha atado mi vida a una ciudad sin posibilidades. Ya estuve una vez a punto de renunciar a él, de buscarme la vida en la capital y abandonar esta ciudad a la que tanto quiero, y en la que siento que me marchito.

Supongo que las cosas cambiarían si tuviera un trabajo u opciones de conseguirlo; pero más allá de la oposición, aquí no veo nada. Y si bien sí es cierto que me la idea de irme a mi propia casa es una de las pocas cosas que me ilusionan en estos momentos, alguna vez recuerdo una frase que leí cuando era niño que decía: "el hogar está donde esté el corazón"; y supongo que lo único que puede dar sentido a esta vida es que el corazón no esté en un lugar sino en una persona.

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