Otra noche más
No puedo echarle la culpa al frío, pues lleva aquí ya todo el día. Puede que sea la noche, supongo que es ella la que suele hacerme caer en la melancolía, o al menos con más fuerza de lo que lo hago cuando aún se asoma el Sol.
Otro día ha finalizado, me acerco más a mi final y pese a ello sigo sintiéndome tan vacío como el día anterior. Veo mi soledad y comienzan a fluir los pensamientos, ese análisis de como la gente con la que creí que podía compartir mi vida, darle un sentido a esto de respirar, me apartó dela suya sin ningún remilgo y ni tan si quiera giró para preguntar.
Supongo que cuando hablo con Juanma revivo aquellos sentimientos y luego me toca matarlos de nuevo. Algo así como lo que me pasa con Madrid y Alicia, por fortuna no he vuelto a pisar esa ciudad y, mientras pueda evitarlo, no pasaré por allí. Por ahora pondré distancia entre Valladolid y yo.
La verdad es que me paro a pensar y siento el deseo de distanciarme de todo, de quedarme encerrado en mí para siempre, rogando que el siempre no dure demasiado.
Y así, cada noche me lleno de dolor; un dolor que se niega a abandonarme por completo durante el día y cuya sombra siempre esta haciéndome una tenebrosa compañía.
Y como cada noche, ahora no sé como meterme en la cama, con la cabeza repleta de pensamientos, sin esperanza alguna, sin creer ya en nada, sin fuerzas para luchar y, como dije hace mucho, simplemente esperando el golpe de gracia que me saque de esto que apenas puedo definir como existencia.
Otro día ha finalizado, me acerco más a mi final y pese a ello sigo sintiéndome tan vacío como el día anterior. Veo mi soledad y comienzan a fluir los pensamientos, ese análisis de como la gente con la que creí que podía compartir mi vida, darle un sentido a esto de respirar, me apartó dela suya sin ningún remilgo y ni tan si quiera giró para preguntar.
Supongo que cuando hablo con Juanma revivo aquellos sentimientos y luego me toca matarlos de nuevo. Algo así como lo que me pasa con Madrid y Alicia, por fortuna no he vuelto a pisar esa ciudad y, mientras pueda evitarlo, no pasaré por allí. Por ahora pondré distancia entre Valladolid y yo.
La verdad es que me paro a pensar y siento el deseo de distanciarme de todo, de quedarme encerrado en mí para siempre, rogando que el siempre no dure demasiado.
Y así, cada noche me lleno de dolor; un dolor que se niega a abandonarme por completo durante el día y cuya sombra siempre esta haciéndome una tenebrosa compañía.
Y como cada noche, ahora no sé como meterme en la cama, con la cabeza repleta de pensamientos, sin esperanza alguna, sin creer ya en nada, sin fuerzas para luchar y, como dije hace mucho, simplemente esperando el golpe de gracia que me saque de esto que apenas puedo definir como existencia.
Comentarios
Publicar un comentario