Cascada
He estado un rato mirando una página en blanco, en mi otro blog, sin saber que contar; es cierto que tengo mil historias tontas que podría escribir, pero los ánimos no acompañan.
Intento no pensar, mantenerme ocupado, activo y cansarme para conseguir dormir y aún así, en cuanto me paro un momento parece que me absorbe esa dimensión de melancolía en la que ha acabado convertido mi mundo interior.
Ayer disfruté de una tarde en compañía de los amigos y, en cuanto se fueron, esa sombra vino a mí. Temo todos los cambios por eso; a veces, quedarme solo e inmerso en ese mundo es la única forma de no caer a él, de evitar la tensión que me produce saber que voy a sentirme así, por mucho que intente engañarme y que me diga que estoy bien por ver si me convenciera. No puedo mentirme a mí mismo, ni en esto, ni en nada. Ojalá se pudiera, claro.
Busco cosas que me ilusionen, algunas veces, durante unos minutos, parece que consigo centrarme en algún tema y no pensar en más; pero es un breve descanso antes de volver a lo de siempre. Ni libros, ni películas, ni series y, mucho menos, estudios; soy incapaz de centrar mi cabeza en nada... Más bien en algo sí, en la absurda realidad que me rodea, en la búsqueda de un sentido que me veo incapaz de encontrar.
Podría escribir miles de hojas sobre lo mismo, repitiéndome una y otra vez, expulsando una catarata interminable de lo que sea que llevo dentro. Quince meses cayendo en barrena sin posibilidad de recuperar el control; no veo cual fue la causa concreta, quizá sí el detonante, pero algo se rompió y el dolor no ha cesado de manar, trayendo consigo esa tristeza crónica, miedo, ansiedad y llevándose consigo la poca alegría que pudiera quedarme, ahogando la diminuta esperanza que pudiera tener en estar, si quiera, normal algún día.
Y a la vez no puedo parar de odiarme, por lo que soy, por lo que no he sido, por lo que llevo dentro...
Intento no pensar, mantenerme ocupado, activo y cansarme para conseguir dormir y aún así, en cuanto me paro un momento parece que me absorbe esa dimensión de melancolía en la que ha acabado convertido mi mundo interior.
Ayer disfruté de una tarde en compañía de los amigos y, en cuanto se fueron, esa sombra vino a mí. Temo todos los cambios por eso; a veces, quedarme solo e inmerso en ese mundo es la única forma de no caer a él, de evitar la tensión que me produce saber que voy a sentirme así, por mucho que intente engañarme y que me diga que estoy bien por ver si me convenciera. No puedo mentirme a mí mismo, ni en esto, ni en nada. Ojalá se pudiera, claro.
Busco cosas que me ilusionen, algunas veces, durante unos minutos, parece que consigo centrarme en algún tema y no pensar en más; pero es un breve descanso antes de volver a lo de siempre. Ni libros, ni películas, ni series y, mucho menos, estudios; soy incapaz de centrar mi cabeza en nada... Más bien en algo sí, en la absurda realidad que me rodea, en la búsqueda de un sentido que me veo incapaz de encontrar.
Podría escribir miles de hojas sobre lo mismo, repitiéndome una y otra vez, expulsando una catarata interminable de lo que sea que llevo dentro. Quince meses cayendo en barrena sin posibilidad de recuperar el control; no veo cual fue la causa concreta, quizá sí el detonante, pero algo se rompió y el dolor no ha cesado de manar, trayendo consigo esa tristeza crónica, miedo, ansiedad y llevándose consigo la poca alegría que pudiera quedarme, ahogando la diminuta esperanza que pudiera tener en estar, si quiera, normal algún día.
Y a la vez no puedo parar de odiarme, por lo que soy, por lo que no he sido, por lo que llevo dentro...
Comentarios
Publicar un comentario