Muerto

Tumbado en mi cama, esperando entrar en los reinos de Morfeo, las ideas surcan el vacío en el que intento se centre mi mente; las ideas toman la forma de palabras y no paro de relatar, en silencio, intentando no escucharme. Finalmente me rindo a ellas y escojo la opción de dejarlas huir a otro sitio distinto, quizá plasmándolas en esta página consiga que me permitan descansar esta noche; al menos el tiempo suficiente para que mi cuerpo quede inerte y así mañana poder volver a enfrentarme al día, probablemente tras otra noche de pesadillas.

Me doy cuenta de que morí joven. No puedo concretar el momento, sí que hace demasiados años ya. Estaba ya moribundo cuando la noche de fiesta de otra persona me (nos) arrebató parte de hasta entonces mi perfecta salud física. Durante dos meses apenas pude levantarme, postrado lo veía todo como un simple trámite, como ese par de días que te tiras en cama esperando volver a levantarte cuando eres presa de alguna gripe. Seis meses más tardes recibía el alta del forense, no la médica, que me aseguraba que un par de meses más estaría casi perfecto. Ese casi es lo que marca la diferencia entre hacer una vida normal y no podar optar a un gran porcentaje de trabajos; es lo que hace que no pueda salir de fiesta sin emborracharme, pues en cuanto llevo un rato en un mal asiento el dolor se vuelve demasiado fuerte y ya no puedo soportarlo; es lo que acabó haciendo que me convirtiera en una persona sin esperanza, que provocase que la persona a la que más quería decidiera hacer su vida sin el lastre que yo representaba y que, sin el salvavidas que era ella, me fuera directo al fondo. Es lo que provocó que muriera definitivamente.

No puedo culparla por sobrevivir. Yo hubiera muerto tarde o temprano y, a mi lado, ella habría sido arrastrada también.

Años después, casi tres, conocí a alguien que me hizo sentir vivo de nuevo. Pero era una ilusión; ella desbordaba fuerza vital como un sol luz y calor, y el reflejo de esa vida en un alma tan muerta como lo estaba la mía, me dio esperanza. Creó una ilusión en la que yo quise creer, me arrojé con todas mis fuerzas intentando atrapar algo que estaba muy lejos de mi alcance.  Pero todo fue en vano, porque en realidad ya estaba muerto.

Es por eso que una y mil veces e intentado morir sin conseguirlo, que intento sentir la vida conociendo simplemente la apatía. Estoy muerto y, ahora, lo asumo. No puedo aferrarme a la vida desde aquí, simplemente tengo que dejarme llevar, sin pensar, sin sentir, solamente estar.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Resurrección

Una Tarde

El sexo idiota