Hace catorce años...
Hoy es 28 de noviembre; para mí esta fecha es realmente especial.
Un día semejante a hoy, desperté en mi litera allá en el Colegio de la Inmaculada; había sido una de esas noches en las que había tenido sueños premonitorios (sí, me pasa, y no me importa que se crea o no). Había soñado la separación entre la chica de la que estaba enamorado por aquel entonces y yo; de ese sueño me sacó la música que nos ponían todas las mañanas para que fuéramos despertándonos. Para rematar había sido la última canción que habíamos bailado juntos, sí, os vais a reir: "Lluvia cae", sí, la de Enrique Iglesias.
La habíamos bailado en un bar de la plaza mayor de Cáceres, si mal no recuerdo se llamaba Mesón Jara.
En mitad de esa canción hubo una pelea y nos marchamos de allí, es la última canción con la que recordaba haber estado con ella.
Ya me lo tomé como una señal, sabía que algo marchaba mal y no veía forma de solucionarlo. Ese día era un viernes, 28 de noviembre de 1997, el lunes sería su cumpleaños y lo único que se me ocurrió fue que necesitaba pasar el fin de semana a su lado, que no podía esperar una semana más para poder verla.
Creo que fue a eso de las once de la mañana cuando decidí que tenía que irme a Cáceres. Sin más equipaje que lo puesto, en el descanso de la comida (por aquella época había turno partido en las clases), me dirigí al compañero por el cual yo había ido allí y le di mi llave del armario. El había perdido la suya unos días antes y dependía de la mía completamente para acceder a sus cosas (sí, un mini-armario por cada dos personas). Le dije que me la cuidara hasta el lunes y asombrado me preguntó, sin más le dije que me piraba, que lo necesitaba y ese tipo de locuras sí se podían esperar de mí en aquella época.
Hablé por teléfono con dos amigos, Gus y Pedro, para que fueran a recogerme a la estación y me dieran cobijo durant el fin de semana, pues iba en plan escapada temporal; al menos incialmente yo me lo había planteado así: necesitaba ver a Zara y la vería. Pensaba que el domingo o el lunes volvería, ya me las apañaría para ello, y que nadie tendría porque darse cuenta de mi escapada.
Sin más me dirigí hacía el pueblo con el grupo de alumnos que tenían autorización para viajar el fin de semana. En realidad sólo controlaban a algunos de forma salteada aunque en mi caso iba a ser bastante evidente que no la tenía, puesto que no portaba ningún tipo de equipaje. Me dirijí a mi amigo Dustin, que iba a pasar el fin de semana a Valladolid, y le pedi su bolsa de la ropa sucia (llevaba una maleta y una bolsa de tela blanca con la ropa sucia) y muy convencido pasé cargando con ella por delante del profesor. No miré atrás para ver si realmente paraba a alguien pero sé que a mí no me paró.
Cogí un destartalado autobus que iba a Salamanca. Llevaba poco dinero aunque ya no recuerdo cuanto, aunque sí que estaba preocupado por el precio que pudiera tener el billete de ida (ni tan si quiera pensé en que tendría que pagar el de vuelta) a Cáceres.
Una vez llegamos a la estación de Salamanca llegue dentro de un abanico de cinco minutos antes de que partiera el autobus hacia Cáceres. Más bien la fortuna me sonrió y no tuve que esperar al siguiente, que saldría varias horas más tarde, puesto que ese debía de haber salido a las 16:55 y cuando yo monté habían pasado ya un par de minutos de esa hora.
El viaje a Cáceres fue bastante tranquilo. En la primera parada, Guijuelo, desperté a la chica que iba a mi lado para preguntar cual era su destino, no fuera a ser que tuviera que bajarse allí. A partir de ahí entablamos conversación y estuvimos hablando todo el camino; se llamaba Laura, Cáceres es pequeño y todos los Cácereños al encontrarnos fuera solemos preguntar por gente de aquí, puesto que muy probable tener amistades en común. Así era, pues había estudiado en el mismo instituto que Zara, Juanma, Aída... Bueno, muchas amistades en común.
Si recuerdo para una chica de dieciséis años, que si no me falla la memoria eran los que tenía ella en aquel momento, mi gesto de hacer esa locura "por amor" fuera muy romántico. Hoy sé que fue una estupidez, de las pocas de las que no me arrepiento.
La llegada a Cáceres, eso fue otra historia. Pensaba encontrarme a mis amigos en la estación; en lugar de a ellos vi a mis Padres completamente serios en el andén. Luego supe el motivo.
Mis "queridos" amigos habían pensado que estaba intentando reirme de ellos al decirles que iba a ir para allá y decidieron comprobarlo de la siguiente forma: Llamando al centro para preguntar si me había largado... ni tan si quiera podían haber preguntado por mi y punto.
El resto de la historia ya no es tan divertida. Será un día que recordaré siempre.
Un día semejante a hoy, desperté en mi litera allá en el Colegio de la Inmaculada; había sido una de esas noches en las que había tenido sueños premonitorios (sí, me pasa, y no me importa que se crea o no). Había soñado la separación entre la chica de la que estaba enamorado por aquel entonces y yo; de ese sueño me sacó la música que nos ponían todas las mañanas para que fuéramos despertándonos. Para rematar había sido la última canción que habíamos bailado juntos, sí, os vais a reir: "Lluvia cae", sí, la de Enrique Iglesias.
La habíamos bailado en un bar de la plaza mayor de Cáceres, si mal no recuerdo se llamaba Mesón Jara.
En mitad de esa canción hubo una pelea y nos marchamos de allí, es la última canción con la que recordaba haber estado con ella.
Ya me lo tomé como una señal, sabía que algo marchaba mal y no veía forma de solucionarlo. Ese día era un viernes, 28 de noviembre de 1997, el lunes sería su cumpleaños y lo único que se me ocurrió fue que necesitaba pasar el fin de semana a su lado, que no podía esperar una semana más para poder verla.
Creo que fue a eso de las once de la mañana cuando decidí que tenía que irme a Cáceres. Sin más equipaje que lo puesto, en el descanso de la comida (por aquella época había turno partido en las clases), me dirigí al compañero por el cual yo había ido allí y le di mi llave del armario. El había perdido la suya unos días antes y dependía de la mía completamente para acceder a sus cosas (sí, un mini-armario por cada dos personas). Le dije que me la cuidara hasta el lunes y asombrado me preguntó, sin más le dije que me piraba, que lo necesitaba y ese tipo de locuras sí se podían esperar de mí en aquella época.
Hablé por teléfono con dos amigos, Gus y Pedro, para que fueran a recogerme a la estación y me dieran cobijo durant el fin de semana, pues iba en plan escapada temporal; al menos incialmente yo me lo había planteado así: necesitaba ver a Zara y la vería. Pensaba que el domingo o el lunes volvería, ya me las apañaría para ello, y que nadie tendría porque darse cuenta de mi escapada.
Sin más me dirigí hacía el pueblo con el grupo de alumnos que tenían autorización para viajar el fin de semana. En realidad sólo controlaban a algunos de forma salteada aunque en mi caso iba a ser bastante evidente que no la tenía, puesto que no portaba ningún tipo de equipaje. Me dirijí a mi amigo Dustin, que iba a pasar el fin de semana a Valladolid, y le pedi su bolsa de la ropa sucia (llevaba una maleta y una bolsa de tela blanca con la ropa sucia) y muy convencido pasé cargando con ella por delante del profesor. No miré atrás para ver si realmente paraba a alguien pero sé que a mí no me paró.
Cogí un destartalado autobus que iba a Salamanca. Llevaba poco dinero aunque ya no recuerdo cuanto, aunque sí que estaba preocupado por el precio que pudiera tener el billete de ida (ni tan si quiera pensé en que tendría que pagar el de vuelta) a Cáceres.
Una vez llegamos a la estación de Salamanca llegue dentro de un abanico de cinco minutos antes de que partiera el autobus hacia Cáceres. Más bien la fortuna me sonrió y no tuve que esperar al siguiente, que saldría varias horas más tarde, puesto que ese debía de haber salido a las 16:55 y cuando yo monté habían pasado ya un par de minutos de esa hora.
El viaje a Cáceres fue bastante tranquilo. En la primera parada, Guijuelo, desperté a la chica que iba a mi lado para preguntar cual era su destino, no fuera a ser que tuviera que bajarse allí. A partir de ahí entablamos conversación y estuvimos hablando todo el camino; se llamaba Laura, Cáceres es pequeño y todos los Cácereños al encontrarnos fuera solemos preguntar por gente de aquí, puesto que muy probable tener amistades en común. Así era, pues había estudiado en el mismo instituto que Zara, Juanma, Aída... Bueno, muchas amistades en común.
Si recuerdo para una chica de dieciséis años, que si no me falla la memoria eran los que tenía ella en aquel momento, mi gesto de hacer esa locura "por amor" fuera muy romántico. Hoy sé que fue una estupidez, de las pocas de las que no me arrepiento.
La llegada a Cáceres, eso fue otra historia. Pensaba encontrarme a mis amigos en la estación; en lugar de a ellos vi a mis Padres completamente serios en el andén. Luego supe el motivo.
Mis "queridos" amigos habían pensado que estaba intentando reirme de ellos al decirles que iba a ir para allá y decidieron comprobarlo de la siguiente forma: Llamando al centro para preguntar si me había largado... ni tan si quiera podían haber preguntado por mi y punto.
El resto de la historia ya no es tan divertida. Será un día que recordaré siempre.
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