Saber

Llevo todo el fin de semana controlándome, intentando no dejar salir esas lágrimas que vienen a expresar el pesar de mi espíritu.  He tenido ganas de venir a escribir y lo he evitado para intentar negarme que a mí mismo que era lo que estaba sintiendo.

Lo peor de todo es el motivo, o la ausencia de uno concreto. Simplemente me siento mal, sin más vienen a mí mil agobios y las pocas fuerzas que tengo huyen al verlos, dejándome con un dolor que ya forma parte de mi ser. Es cierto que estoy mucho más sensible a todo lo que me ocurre, cualquier cosa provoca ya la caída de mi estado de ánimo; y hablar con los amigos suele traer recuerdos de otros tiempos en los que yo era otra persona. Me hablan de ella y no se dan cuenta de que probablemente ya esté muerta. No tengo la esperanza de recuperarla, solamente de conseguir sobrellevar mis días, mi dolor y mi apatía. Antes de plantearme otros proyectos he de levantarme un poco, esperar a esa parte en que la noria en que mis sentimientos viajan vuelva a subir hasta un estado de mediocridad, que es su tope.

Supongo que he de quedarme con lo que he vivido, conformándome con esos momentos de mi pasado que componen mi tesoro. Cuando los veo me miro, me doy cuenta de tantos errores que podría haber evitado, del daño irreparable que he hecho, de las cosas que podía haber hecho y no hice... quizá sea ese el motivo de mis sentimientos hacia mí; no es odio, es repugnancia.  Creo que eso ha de ser lo que ven aquellos que deciden salir de mi vida sin más, con la prisa suficiente como para olvidar despedirse o dar una mínima explicación.  ¿Importa? Desgraciadamente a mí sí. Necesito saber los motivos de las cosas, necesito comprender para poder superar; soy una persona compleja, aunque creo que somos muchos los que tenemos esta necesidad.

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