Amar
Tengo ganas de escribir pero no mucho que contar; las pastillas están haciendo su trabajo y esos pinchazos de dolor que me obligan a aguantarme las lágrimas son un poco más leves (aunque sigan aquí). De los efectos de las pastillas también deberé mencionar los negativos, son unos cuantos y alguno bastante molesto, pero por ahora lo puedo llevar más o menos bien.
Prefiero hablar ahora de las buenas sensaciones que he tenido en mi vida, de las fotografías que guardan un instante para la posteridad; de las conversaciones con los amigos hablando en las que rememoras situaciones que no creías que pudieran encontrarse en tu mente; de las sensaciones que trae recordar lo bueno, haciéndote olvidar por un momento que eso que te hace sentir bien ya pertenece al pasado, aunque a veces, al recordar algo con las amistades que compartieron la vivencia contigo, hace que te alegres de que hayáis llegado juntos hasta este momento.
Llega un momento en el que los sentimientos quedan en el pasado. Hace poco, la primera "novia" que tuve se casó; una de las cosas que pensé al verla entrar con su vestido blanco caminando hacia el altar, fue en lo curioso que era alegrarme tanto por ella, porque fuera feliz... y en lo poco que me importaban ahora las lágrimas que derrame por ella. En su tiempo, antes de hartarme de hacer locuras por las mujeres, cuando creía en que luchar por cualquier amor podía hacerlo posible, me armé de valor tras soñar que me dejaba y me fugué del internado en el cual estudiaba entonces para poder estar con ella unos momentos, así que sin equipaje ninguno cogí un autobús y me vine a Cáceres para poder verla. Aunque mi improvisado plan acabó de forma muy diferente a como yo lo había previsto (tenía intención de volver a Armenteros sin que nadie se diera cuenta de mi escapada, tras haber calmado mis ansias de ella, y acabé quedándome aquí de forma definitiva), conseguí pasar un día con ella el día de su cumpleaños (el sábado). Una semana después me dejó.
Tuvimos una historia de sí y no y acabé completamente colgado por la chica, pasando muchas tardes en casa lamiéndome las heridas y secándome las lágrimas. Todo eso quedó en el pasado y ni ese amor-atracción que sentía por ella en un principio, ni el dolor que sufrí después vinieron a mi mente al verla. Ahora sólo quedan como recuerdos, sensaciones que puedo ver a través de un cristal, que ya no podré tocar más, por fortuna.
Espero el momento en que eso ocurra con las sensaciones que otras personas han producido en mi vida; aquellas que han sacudido mi mundo y pese a que ahora de ellas quede el dolor, siento el deseo de poder verlas en un futuro igual. Insensible a ellas, y a poder ser, insensible a todo lo que pueda venir.
Algún día podré hablar, sin sufrir, de cómo he conocido el amor que se profesa a una persona con la que quieres hacer tu vida, tras irla conociendo con el paso de los meses. Cada día querer un poco más a alguien y sentirte bien por el mero hecho de saber que estará a tu lado incluso desde la distancia; pensar que pasarás la vida con esa persona y sonreír, sentir esa sensación que no puede entenderse sino por aquellos que la han sentido, de que no importa que otras cosas fallen, porque un abrazo de esa persona crea un escudo en el que nada puede penetrar.
También el amor más incomprensible, capaz de llevarte a la locura en un instante. Esa necesidad loca de alguien a quien apenas conoces y que pasa a ser una necesidad imperativa, como el aire o el agua. Desconocer que es lo que te hace amarla, simplemente hay una fuerza que te empuja hacia ella.
Y en ambos casos he visto como, aunque luches con todas tus fuerzas, muchas cosas no las podemos cambiar.
Ahora, resentido con esa palabra, con ese sentimiento, la idea de amar me aterra. No, no el amor, el dolor que traerá consigo y que acabaría con la poca cordura que le quede a mi alma. No quiero sentir, no quiero sufrir, y no puedo parar de hacerlo.
Prefiero hablar ahora de las buenas sensaciones que he tenido en mi vida, de las fotografías que guardan un instante para la posteridad; de las conversaciones con los amigos hablando en las que rememoras situaciones que no creías que pudieran encontrarse en tu mente; de las sensaciones que trae recordar lo bueno, haciéndote olvidar por un momento que eso que te hace sentir bien ya pertenece al pasado, aunque a veces, al recordar algo con las amistades que compartieron la vivencia contigo, hace que te alegres de que hayáis llegado juntos hasta este momento.
Llega un momento en el que los sentimientos quedan en el pasado. Hace poco, la primera "novia" que tuve se casó; una de las cosas que pensé al verla entrar con su vestido blanco caminando hacia el altar, fue en lo curioso que era alegrarme tanto por ella, porque fuera feliz... y en lo poco que me importaban ahora las lágrimas que derrame por ella. En su tiempo, antes de hartarme de hacer locuras por las mujeres, cuando creía en que luchar por cualquier amor podía hacerlo posible, me armé de valor tras soñar que me dejaba y me fugué del internado en el cual estudiaba entonces para poder estar con ella unos momentos, así que sin equipaje ninguno cogí un autobús y me vine a Cáceres para poder verla. Aunque mi improvisado plan acabó de forma muy diferente a como yo lo había previsto (tenía intención de volver a Armenteros sin que nadie se diera cuenta de mi escapada, tras haber calmado mis ansias de ella, y acabé quedándome aquí de forma definitiva), conseguí pasar un día con ella el día de su cumpleaños (el sábado). Una semana después me dejó.
Tuvimos una historia de sí y no y acabé completamente colgado por la chica, pasando muchas tardes en casa lamiéndome las heridas y secándome las lágrimas. Todo eso quedó en el pasado y ni ese amor-atracción que sentía por ella en un principio, ni el dolor que sufrí después vinieron a mi mente al verla. Ahora sólo quedan como recuerdos, sensaciones que puedo ver a través de un cristal, que ya no podré tocar más, por fortuna.
Espero el momento en que eso ocurra con las sensaciones que otras personas han producido en mi vida; aquellas que han sacudido mi mundo y pese a que ahora de ellas quede el dolor, siento el deseo de poder verlas en un futuro igual. Insensible a ellas, y a poder ser, insensible a todo lo que pueda venir.
Algún día podré hablar, sin sufrir, de cómo he conocido el amor que se profesa a una persona con la que quieres hacer tu vida, tras irla conociendo con el paso de los meses. Cada día querer un poco más a alguien y sentirte bien por el mero hecho de saber que estará a tu lado incluso desde la distancia; pensar que pasarás la vida con esa persona y sonreír, sentir esa sensación que no puede entenderse sino por aquellos que la han sentido, de que no importa que otras cosas fallen, porque un abrazo de esa persona crea un escudo en el que nada puede penetrar.
También el amor más incomprensible, capaz de llevarte a la locura en un instante. Esa necesidad loca de alguien a quien apenas conoces y que pasa a ser una necesidad imperativa, como el aire o el agua. Desconocer que es lo que te hace amarla, simplemente hay una fuerza que te empuja hacia ella.
Y en ambos casos he visto como, aunque luches con todas tus fuerzas, muchas cosas no las podemos cambiar.
Ahora, resentido con esa palabra, con ese sentimiento, la idea de amar me aterra. No, no el amor, el dolor que traerá consigo y que acabaría con la poca cordura que le quede a mi alma. No quiero sentir, no quiero sufrir, y no puedo parar de hacerlo.
Comentarios
Publicar un comentario