26 de septiembre

Aún queda mucho por hacer en esta casa, poco a poco voy preparándola para vivir en ella durante los próximos meses (si todo va bien).
Ahora que me voy adaptando al nuevo cambio y aunque mucho más tranquilo de lo que podía llegar a estar hace una semana, noto como ese dolor interior no ha desaparecido. No debería sorprenderme pues nunca lo hace, simplemente consigo que, algunas veces, se difumine al vivir ciertas experiencias, esas pequeñas desconexiones de mis viajes o mis aventurillas.
Ya podía notar ayer como surgía de entre la niebla formada por las nuevas sensaciones producidas por el cambio. Hoy está aquí. Siento ese maldito dolor, esas ganas de llorar y de no ser molestado; por fortuna eso aquí si es posible,  no he de añadirle la tensión de posibles broncas y lo hace, relativamente, más llevadero.
Busco su origen, no lo encuentro e intento huir de él. Tampoco lo consigo.
Visita a casa de mis padres a por algunas cosas, cena en casa de mi hermana y conversación con Noelia; he de ponerme la máscara en todas partes para no causar más daño a los demás, no pueden hacer nada por ayudarme y el saberlo sólo puede causarles perjuicio.  En el caso de mi familia, siempre he actuado así, pues además su preocupación simplemente conseguiría hacerme sentir peor. Con Noelia hoy he hecho una excepción; me ha llamado y notaba que estaba contenta, no quería ser yo quien amargara su día. Ella tiene derecho a sus pequeños ratos de felicidad y yo  no tengo derecho a quitárselos.
En cuanto a otras amistades… he comprobado tras varios días mi correo y veo que nadie me ha echado en falta, por lo menos no lo suficiente como para escribirme. Eso es positivo para ellos, creo que poco a poco he conseguido salir de sus vidas  y estoy tan ausente en ellas que prácticamente no notarán mi ausencia si salgo de ellas para siempre. 
Aunque no tengo la certeza, creo que es el cumpleaños de otra chica que conocí hace tiempo, pero en su caso me da que mandar un mensaje de felicitación empeoraría más mi débil relación  con ella; más aún si fallo e interpreta que ha sido para tener contacto con ella simplemente, en lugar de por cumplir con la costumbre establecida de felicitar en los aniversarios.
Me despido ya quedándome con mis pensamientos, o más bien intentando huir de ellos.

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