Un buen despertar

Ayer tras una larga conversación vía chat con una nueva amistad, mi cuerpo me obligo a retirarme a la calma pese a que la mente aún podía aguantar más.  Una vez en ella fui arrastrado al mundo de los sueños del que apenas recuerdo alguna imagen y, varias horas más tarde, despertaba a eso de las ocho de la mañana.
No puedo decir que haya descansado mucho pero sí que el despertar ha sido agradable; una ligera tormenta veraniega cubría los montes en los que vivo y el aire fresco, las grises nubes, el sonido de los truenos lejanos y el resplandor de los relámpagos muy de vez en cuando, han hecho mi despertar uno de los más agradables en mucho tiempo

Tumbado, sin más que hacer que pensar, eso que tanto me gusta y tantos disgustos me provoca a su vez. Tras la citada conversación me retiré a descansar con un buen sabor de boca que aún mantenía al despertar; mañana nuevamente viaje a Pucela y aunque allí puede que me esperen ciertos problemas, no es en ellos en los que estoy pensando en estos momentos, simplemente disfrutaré de mi estancia e intentaré desconectar y disfrutar lo mejor que pueda. No voy a pensar en posibles salidas, si ocurre algo, se lo dejaré a mi parte impulsiva, mi yo sin cadenas,  que normalmente es la que mejores resultados obtiene.

Supongo que el domingo por la noche, o quizás ya el lunes, escriba mis aventuras y desventuras por allí. Pero hasta entonces: no pensar, no preocuparme...

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