Sirenas

Hablan muchos mitos de ellas en diferentes culturas, no importa cual sea la palabra que se use en concreto para nombrarlas ni los muchos elementos que se usan para aderezar sus historias; ya sean partes de animal, poderes especiales o cualquier fantasía semejante.

Sí puedo decir que en mi vida me encontré con uno de estos seres, o como poco con el tipo de mujer que inspiró su mito. Desde la distancia no puedo comprender porque su presencia afecta a mi ser de semejante forma, lo que sé con certeza es que su presencia niega mi ser dejándome completamente a su merced.

Nuestros ojos se cruzaron y a partir de ese momento cada partícula de mi ser luchaba por acercarse a ella. Su voz melosa no sólo era recibida en mis oídos, parecía acariciar mi piel con cada palabra que pronunciaba; cada mirada y cada pequeña sonrisa que recibía de ella, me empujaban más hacia un abismo que no podía ver. Hasta que sus labios abrazaron a los míos y sin saber el cómo ni el porqué, acabé entregándole mi alma. Ya estaba perdido, esclavo de sus deseos y con el único anhelo de poseerla tan sólo una ínfima parte de lo que ella me poseía a mí.


Algo que obviamente no ocurriría nunca, pues robada el alma de la víctima el interés se pierde y continúan con sus vidas. La poca vida que dejó en mí se va recuperando con el paso del tiempo y, desde la distancia, no logro comprender que veía en esa persona, nada realmente espectacular que pudiera causarme semejante efecto. Esa sensación de que toda la existencia iba desvaneciéndose según iba acercándome a ella, hasta que ella sola constituía todo mi universo, no podré olvidarla jamás.

Y mientras intento recuperar mi vitalidad, tiemblo cada vez que su recuerdo viene a mi mente, pues me hace ver lo débil que soy. Y aun sabiendo ya lo que es en realidad, dudo que tuviera fuerzas para enfrentarme a su embrujo.

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