Mis demonios
Unos días atrás en una de esas breves escapadas de mi autoimpuesto presidio, alguien consiguió que volviera hacia él nuevamente con ese dulce veneno que es la esperanza. Disfrutar de mi estancia y no pensar, esa parte sí estuvo conseguida. Pero regreso y pienso, nuevamente los mecanismos de mi cabeza comienzan a sentir esos millones de pequeños impulsos eléctricos analizando todo tipo de posibles situaciones, mostrándome el fracaso de los diferentes futuros a los que puedo aspirar, recordándome lo poco feliz que soy conmigo mismo y el asco que en muchas ocasiones llego a darme.
Me veo mirando a ese futuro sin opciones, en el que jamás podré conseguir nada; busco soluciones y mi cabeza sólo funciona para mostrarme como todas ellas llevarían a un fracaso casi seguro. Algunas veces cuando ya estoy harto de estrellarme, cuando el eco del último golpe que el destino me ha dado aún está resonando en mi vida, dejo de sentir completamente, me vuelvo algo más que un autómata de carne y hueso, con el alma aletargada.
Y miro ahora lo provocado por soltar a mi ser de su jaula. Odio dañar a los demás cuando no tengo intención de hacerlo; tengo ya una conversación pendiente para intentar reparar un estúpido malentendido del cual tengo toda la culpa. Algo que debería alagarme y que sirve para recordarme lo imperfecto que suelo ser. Cruzaré los dedos para que me permita explicarlo en conversación en lugar de en un escrito.
Tenemos el tema de la maldita esperanza. Hace que no te conformes con aquello que has disfrutado, sin andar complicándote más la existencia, evita que unos buenos momentos se queden en eso y comienza a mostrarme las mil y una formas en las que el dolor puede venir de allí; mis demonios interiores gritando para crear en mi desconfianza, para hacerme ver fantasmas y disfrutar mientras juegan a crear locura en mi mente.
El dolor creciendo, mi voluntad mermada... pero no lo suficiente, iré a refugiarme al mundo de los sueños con la esperanza de derrotar allí a alguno de ellos, intentando alejarlos de mí, con la certeza de que volverán con el tiempo.
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