Mea Culpa
Como casi constantemente, vuelvo a sentirme como una mierda; aun más tras haber estado leyendo aquellas conversaciones que tuvimos al comienzo de nuestra amistad, antes incluso de que fuera a Madrid. He estado viendo las pocas fotos que reuní de nuestra relación y, pese a que pueda parecer una tortura, me alegro de haberlo hecho. Ahora me siento una mierda, ahora vuelvo a darme asco y a odiarme por haberte alejado de mi lado, pese a no tener claros los motivos aún. Vuelvo a ese estado en el que desearía dejar de existir mientras soy devorado por estos malditos sentimientos.
Y a pesar de todo, no me arrepiento. ¿El motivo? Muy sencillo. He conseguido sentirme cerca de ti durante un breve periodo de tiempo; la sonrisa más sincera que mi cara ha visto en un año ha sido gracias a el recuerdo que mantengo de ti. No puedo evitar pensar que esas conversaciones ya las habrás tenido con la persona que te acompañe en tus días ahora, que esos buenos recuerdos que guardes ahora se escribieron sobre los que una vez tuvimos. Podría decir que no me importa, que eso no me afecta, que sólo quiero tu amistad. Mentiría. Haberte perdido es una herida que jamás dejará de dolerme, eso no implica que siga amándote, sólo que entonces te amé y que fuiste todo lo único que merecía la pena en mi vida, durante un tiempo demasiado breve. Lo que me ata a una vida de tortura no es eso, es el saber que no quisieras mi amistad; entendí la separación inicial, podía afectarnos lo que la otra persona hiciera; cuando comenzamos a hablar de nuevo tú ya no sentías nada hacía mí. Yo sólo quise recuperar la parte de la amistad, aunque en ese momento, a un susurro tuyo, habría abandonado todo para irme a Madrid y estar cerca de ti.
Ahora, tanto tiempo después; más que el que pasamos juntos, hay dos cosas que deseo por encima de cualquier otra: Recuperar en la medida de lo posible una amistad contigo y saber todas aquellas cosas que he hecho mal con respecto a ti.
Puedo imaginarme muchas. Entiendo que te sintieras agobiada cuando te estuve llamando durante ese agosto en el que, durante tus vacaciones, no quisiste contestar a ninguna de mis llamadas. Sólo quiero que sepas que mi intención no era la de acosarte, algo de lo que querría huir y que parece ser que es lo que acabo haciendo siempre. Ya te conté que cuando te llame en Madrid fue porque estaba allí, como yo no tenía que trabajar ni tan si quiera pensé que fuera martes y que te pillaría ocupada, otro error más no haberte avisado de que iba pero, teniendo en cuenta como había acabado nuestra última conversación. ¿Te hubieras tomado mejor a caso que te llamara para avisar?.
Un poco más tarde intenté tener una conversación vía chat, me dijiste que si iba a preguntar algo sobre nosotros evitara la pregunta. Así lo hice. Quería preguntarte que si pensabas que había la más mínima posibilidad de que estuvieramos juntos si yo viviera allí. Mi intención era la de renunciar a todo e irme para allá a buscarme la vida como buenamente pudiera.
Durante la relación también tuve errores; debí evitar muchas discusiones, respetarte mucho más de lo que lo hice pues, aunque muchos comentarios se hicieran de forma jocosa, debía haber evitado hacer cualquier cosa que te molestara. Fui un inmaduro al comprarme la moto; creo que me hubiera ido mejor si con ese dinero hubiera intentado comenzar una vida allí, cerca de la única cosa (persona) que con certeza quería en mi vida.
No puedo excusarme de los mensajes posteriores; cuando el dolor se tornó en una desesperación total y sólo vi una opción para dejar de sufrir. Tú no eres la culpable de eso; yo me encargué de estropear nuestra relación, ya fuere por acción u omisión, yo conseguí con mis actos apartar de mi lado a las dos personas que más necesitaba en mi vida: a la persona a la que amaba y a mi más íntima confidente, mi mejor amiga.
Ya no puedo amar a quien no conozco. La amistad, por contra, es algo más sólido. Es lo único que te pido; lo que te he pedido en los escasos contactos que he intentado tener contigo en los últimos años.
Pero aún tengo que admitir muchos más errores. Podría escudarme en que mis intenciones siempre fueron buenas, que jamás pretendía hacerte daño o provocar tu miedo... Viendo que te viste obligada a cancelar tu cuenta de gmail por mi culpa, creo que cualquier cosa que diga para suplicar tus disculpas será insuficiente. No sé ya cuantas veces he llegado a mandarte correos; creo que demasiadas veces. Cada vez que tenía una crisis grave acababa pensando en ti e intentando hablar contigo, consciente de que el bálsamo de tus palabras serían sufientes para ayudarme a mejorar.
Sé que cambiaste el teléfono, desearía pensar que eso no fue culpa mía también; las pasadas Navidades intenté llamarte un día, esperando reunir la fuerza suficiente para hablar contigo y suplicar. Sí, yo, el orgulloso, no temo despojarme de mi orgullo y arrastrarme por el fango, humillarme delante de quien sea por algo que realmente merezca la pena. Y tu amistad la merece. Pero el miedo a tu respuesta, a causarte todavía más daño; saber que cada vez que intentaba tender un puente hacia la amistad acababas más lejos de mí, desconozco si odiándome, despreciándome o, mucho peor, temiéndome...
Una vez te dije que pedirme que te olvidara era para mí como si me pidieras que tuviese que matarte. No puedo, no quiero. Necesito el eco de tu persona en la mía, lo poco que queda de esos recuerdos son lo que me motivan a seguir respirando. Antes morir yo que borrar el recuerdo de lo tú que fuiste para mí.
Y ahora intento que no se suelten las cadenas que atan mis impulsos de intentar tener contacto contigo nuevamente.
Y sí, estoy mal constantemente. Me flagelo con el pasado, con ese pasado que me niego a borrar de mi ser, pues no quiero olvidar jamás los errores tan graves que cometí para perderte y, pese a todo, seguro que hay muchos más de los que no fui consciente. Es mi castigo y son estas accionas las que me han llevado a odiarme a mí mismo, a sentir repugnancia de lo que veo en el espejo y a hundirme cada día más en esta ciénaga de tristeza.
Perdón por robarte tantos años y por errar tantas y tantas veces
Y a pesar de todo, no me arrepiento. ¿El motivo? Muy sencillo. He conseguido sentirme cerca de ti durante un breve periodo de tiempo; la sonrisa más sincera que mi cara ha visto en un año ha sido gracias a el recuerdo que mantengo de ti. No puedo evitar pensar que esas conversaciones ya las habrás tenido con la persona que te acompañe en tus días ahora, que esos buenos recuerdos que guardes ahora se escribieron sobre los que una vez tuvimos. Podría decir que no me importa, que eso no me afecta, que sólo quiero tu amistad. Mentiría. Haberte perdido es una herida que jamás dejará de dolerme, eso no implica que siga amándote, sólo que entonces te amé y que fuiste todo lo único que merecía la pena en mi vida, durante un tiempo demasiado breve. Lo que me ata a una vida de tortura no es eso, es el saber que no quisieras mi amistad; entendí la separación inicial, podía afectarnos lo que la otra persona hiciera; cuando comenzamos a hablar de nuevo tú ya no sentías nada hacía mí. Yo sólo quise recuperar la parte de la amistad, aunque en ese momento, a un susurro tuyo, habría abandonado todo para irme a Madrid y estar cerca de ti.
Ahora, tanto tiempo después; más que el que pasamos juntos, hay dos cosas que deseo por encima de cualquier otra: Recuperar en la medida de lo posible una amistad contigo y saber todas aquellas cosas que he hecho mal con respecto a ti.
Puedo imaginarme muchas. Entiendo que te sintieras agobiada cuando te estuve llamando durante ese agosto en el que, durante tus vacaciones, no quisiste contestar a ninguna de mis llamadas. Sólo quiero que sepas que mi intención no era la de acosarte, algo de lo que querría huir y que parece ser que es lo que acabo haciendo siempre. Ya te conté que cuando te llame en Madrid fue porque estaba allí, como yo no tenía que trabajar ni tan si quiera pensé que fuera martes y que te pillaría ocupada, otro error más no haberte avisado de que iba pero, teniendo en cuenta como había acabado nuestra última conversación. ¿Te hubieras tomado mejor a caso que te llamara para avisar?.
Un poco más tarde intenté tener una conversación vía chat, me dijiste que si iba a preguntar algo sobre nosotros evitara la pregunta. Así lo hice. Quería preguntarte que si pensabas que había la más mínima posibilidad de que estuvieramos juntos si yo viviera allí. Mi intención era la de renunciar a todo e irme para allá a buscarme la vida como buenamente pudiera.
Durante la relación también tuve errores; debí evitar muchas discusiones, respetarte mucho más de lo que lo hice pues, aunque muchos comentarios se hicieran de forma jocosa, debía haber evitado hacer cualquier cosa que te molestara. Fui un inmaduro al comprarme la moto; creo que me hubiera ido mejor si con ese dinero hubiera intentado comenzar una vida allí, cerca de la única cosa (persona) que con certeza quería en mi vida.
No puedo excusarme de los mensajes posteriores; cuando el dolor se tornó en una desesperación total y sólo vi una opción para dejar de sufrir. Tú no eres la culpable de eso; yo me encargué de estropear nuestra relación, ya fuere por acción u omisión, yo conseguí con mis actos apartar de mi lado a las dos personas que más necesitaba en mi vida: a la persona a la que amaba y a mi más íntima confidente, mi mejor amiga.
Ya no puedo amar a quien no conozco. La amistad, por contra, es algo más sólido. Es lo único que te pido; lo que te he pedido en los escasos contactos que he intentado tener contigo en los últimos años.
Pero aún tengo que admitir muchos más errores. Podría escudarme en que mis intenciones siempre fueron buenas, que jamás pretendía hacerte daño o provocar tu miedo... Viendo que te viste obligada a cancelar tu cuenta de gmail por mi culpa, creo que cualquier cosa que diga para suplicar tus disculpas será insuficiente. No sé ya cuantas veces he llegado a mandarte correos; creo que demasiadas veces. Cada vez que tenía una crisis grave acababa pensando en ti e intentando hablar contigo, consciente de que el bálsamo de tus palabras serían sufientes para ayudarme a mejorar.
Sé que cambiaste el teléfono, desearía pensar que eso no fue culpa mía también; las pasadas Navidades intenté llamarte un día, esperando reunir la fuerza suficiente para hablar contigo y suplicar. Sí, yo, el orgulloso, no temo despojarme de mi orgullo y arrastrarme por el fango, humillarme delante de quien sea por algo que realmente merezca la pena. Y tu amistad la merece. Pero el miedo a tu respuesta, a causarte todavía más daño; saber que cada vez que intentaba tender un puente hacia la amistad acababas más lejos de mí, desconozco si odiándome, despreciándome o, mucho peor, temiéndome...
Una vez te dije que pedirme que te olvidara era para mí como si me pidieras que tuviese que matarte. No puedo, no quiero. Necesito el eco de tu persona en la mía, lo poco que queda de esos recuerdos son lo que me motivan a seguir respirando. Antes morir yo que borrar el recuerdo de lo tú que fuiste para mí.
Y ahora intento que no se suelten las cadenas que atan mis impulsos de intentar tener contacto contigo nuevamente.
Y sí, estoy mal constantemente. Me flagelo con el pasado, con ese pasado que me niego a borrar de mi ser, pues no quiero olvidar jamás los errores tan graves que cometí para perderte y, pese a todo, seguro que hay muchos más de los que no fui consciente. Es mi castigo y son estas accionas las que me han llevado a odiarme a mí mismo, a sentir repugnancia de lo que veo en el espejo y a hundirme cada día más en esta ciénaga de tristeza.
Perdón por robarte tantos años y por errar tantas y tantas veces
Te he ido leyendo, me siento fatal notando tu desesperación sin saber qué decir para ayudarte. Pero hoy ya no puedo más, creo que debes parar de culparte de todo. Si hubo alguien y se fué no puedes volver atrás y torturarte buscando los motivos sólo en lo que tú hiciste mal y hundiéndote más y más. Nadie es de nadie y si de verdad le querías piensa que, con quien esté, se merece ser feliz. Y tú también, pero a partir de ti, de respetarte, quererte y luchar por tu felicidad.
ResponderEliminarCreo que cada uno tiene su maldición; en mi caso es mi incapacidad para ser feliz, por eso ya sólo busco un estado neutro en el que no me importen las cosas.
ResponderEliminarSi vuelvo al pasado es porque allí hubo momentos en los que pude ser feliz, recordarlos me acerca a ese sentimiento.
No existe esa maldición amigo, no se puede ser neutro. Aunque duela, lucha!. Puedes ser feliz en el presente!.
ResponderEliminarAlguien dijo:
"El pasado es un sueño, el futuro un espejismo; y el presente, una nube que pasa"
Créetelo, y vive en el presente.