18012011
Ayer estuve haciendo lo que denomino compra semanal, aun no tengo muy claro porque la sigo llamando así cuando siempre me durás más de una semana, supongo que son esas costumbres absurdas que seguimos manteniendo.
Había en la puerta un tío pidiendo con su cartelito típico que hacían referencia a su familia y lo necesitados que estaban. Se estaba fumando un petardo.
Estúpida anécdota con la que comenzar a escribir; no me han pasado cosas demasiado interesantes estos días. He estado ocupado, sí, pero con tonterías, recados que me quedaban pendientes por hacer y cosas semejantes.
Mi moto vuelve a estar viva por fin y he disfrutado bastante del paseillo que me he dado, incluso me he estado mirando el tiempo para tragar un poco de carretera estos días, pero por desgracia la cosa está muy fresquita y creo que tendré que conformarme con vueltas cortitas, hasta que le pegue un buen fregado y le haga unas fotillos para ver si la vendo ya, que por desgracia es sólo un capricho; y mi espalda no está para los trotes que me gustaría darle.
¿Qué más contar? Pues tuve una de esas paranoias mías hace poco y cerré esto durante unos días, para evitar la tentación de mandarlo bien lejos donde no pudiera ser recuperado y quedara en el olvido.
Hace tiempo hablé de que iba a volver a tomarme pastillas para ver si me recuperaba y aunque he comenzado a hacerlo, he de decir que poco efecto han tenido. Tendré que volver a que me cambién el sistema porque este no está funcionando bien y, para mi desgracia, mis estados de ánimo se están volviendo de todo menos estables.
Quiero permanecer un poco apartado de todo, entre los muros de una prisión autoimpuesta que hace a su vez de escudo, para protegerme de los demás y a su vez, protegerles de mí.
Y sigo en mis trece de intentar no escribir sobre sentimientos y escribir más sobre chorradas, porque en ellos hay poca novedad y prefiero esquivarlos a intentar removerlos buscando en ellos una solución que sé que no estará.
Había en la puerta un tío pidiendo con su cartelito típico que hacían referencia a su familia y lo necesitados que estaban. Se estaba fumando un petardo.
Estúpida anécdota con la que comenzar a escribir; no me han pasado cosas demasiado interesantes estos días. He estado ocupado, sí, pero con tonterías, recados que me quedaban pendientes por hacer y cosas semejantes.
Mi moto vuelve a estar viva por fin y he disfrutado bastante del paseillo que me he dado, incluso me he estado mirando el tiempo para tragar un poco de carretera estos días, pero por desgracia la cosa está muy fresquita y creo que tendré que conformarme con vueltas cortitas, hasta que le pegue un buen fregado y le haga unas fotillos para ver si la vendo ya, que por desgracia es sólo un capricho; y mi espalda no está para los trotes que me gustaría darle.
¿Qué más contar? Pues tuve una de esas paranoias mías hace poco y cerré esto durante unos días, para evitar la tentación de mandarlo bien lejos donde no pudiera ser recuperado y quedara en el olvido.
Hace tiempo hablé de que iba a volver a tomarme pastillas para ver si me recuperaba y aunque he comenzado a hacerlo, he de decir que poco efecto han tenido. Tendré que volver a que me cambién el sistema porque este no está funcionando bien y, para mi desgracia, mis estados de ánimo se están volviendo de todo menos estables.
Quiero permanecer un poco apartado de todo, entre los muros de una prisión autoimpuesta que hace a su vez de escudo, para protegerme de los demás y a su vez, protegerles de mí.
Y sigo en mis trece de intentar no escribir sobre sentimientos y escribir más sobre chorradas, porque en ellos hay poca novedad y prefiero esquivarlos a intentar removerlos buscando en ellos una solución que sé que no estará.
Comentarios
Publicar un comentario