Sombras

Algunas veces desearía poder hacer las cosas mal y quedarme a gusto. No me refiero a hacer mal un tarea encomendada, más bien a la parte en la que se refiere a los temas que podrían hacer referencia a la moral.

Una parte de mí sigue siendo muy primaria, herida como está se encuentra rabiosa y lista para saltar sobre aquellos a los que considera responsables del dolor que sufre. Desgarrar y dañar a esos que de una u otra manera dejaron las cicatrices que el cuerpo no muestra; devolver el daño sufrido y por un momento, sentir el agridulce sabor de la venganza.

A veces tengo la fortuna de no seguir mis primeros impulsos. Si he de cambiar este lugar de dirección para que una amiga no sufra, lo haré. Desearía escupir todo esos sentimientos acumulados, llenos de desprecio y mezclados con mi propia amargura contra cierto personaje. ¿Qué provocaría eso? Dolor a otra persona a la que, aunque posiblemente no se merezca mi compasión, no quiero causarle daño alguno.

Y cada vez que pienso en él la rabia se apodera de mi ser y las palabras se tornan en un remolino de impulsos, de desprecio, envidia e incomprensión. Aún no conozco a esa persona, pero las cosas que he escuchado me han llevado a hacerme una idea, puede que errónea, de aquel hacia quien sólo puedo mostrar repulsión.

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