De mujeres y coches
Ciertas circunstancias ajenas a mi voluntad me obligaron a permanecer en cama el pasado miércoles. Tuve que entretenerme con esas divagaciones extrañas y casi sin sentido que todos hacemos algunas veces.
Y como no podía ser de otra manera, acabe mezclando dos cosas muy diferentes en mi mente. Compare circunstancias y las apliqué a otras semejantes cambiando los protagonistas, ratificando lo ridículas que y absurdas que son ciertas excusas que se nos dan en la vida.
Imaginaos que fuerais un coche y tuvierais entendimiento. Un día encontráis lo que consideráis un conductor ideal y tras cierto tiempo este decide abandonaros, obviamente os presenta sus motivos:
- Eres todo un ferrari - os dice - Tienes potencia, adherencia y todas esas cualidades que siempre busqué en el coche de mis sueños. Pero creo que necesitas un mejor conductor para ser realmente feliz.
Bien, ya nos hemos metido en el papel de coche, pero con conciencia y voluntad propias, capaces de decidir que queremos o no. Eso no importa en realidad, pues lo que está ocurriendo aquí en realidad es que el conductor no piensa que eres un ferrari, pero hay que sentirse bien y deben de creer que tratar a los coches como tontos en lugar de con honestidad es mucho mejor... y tienen razón, es mejor para no sentirse culpable de lo que piense el coche, pues lo hacen por su bien.
Obviamente este ejemplo pasa cuando el conductor es ella y el coche es él. Si fuera del revés, la conversación podría haber sido cualquiera de estas:
"El asiento es muy incomodo; consumes demasiado; a mi me gustan los todoterreno..."
Quizá no suenen tan bien como lo primero, pero la sinceridad prima. Aquí probablemente alguien diría que es la falta de tacto o sensibilidad; aunque con estas frases el coche no se tiraría equis tiempo pensando "¿Por qué si soy tan bueno no me quiere?¿Puede que se lo replantee?" y mil cosas similares, pensaría que no hay más oportunidades porque un ferrari es lo que es y no para andar por el campo ya esta el 4L.
Hace poco conocí a alguien que tenía un panda; y no me refiero a uno de esos osos bicolores que comen bambú, me refiero a ese antiguo automóvil español que tan famoso fue hace años. Bien, este panda no tenía llave pero si unos asientos de esos incómodos que bien podrían ser sillitas de madera de esas que teníamos en colegio, una mala amortiguación y un sistema de frenos de tambor de esos que requieren una pista de aterrizaje para detener el vehículo. Pues bien, un día le regalaron un f800 híbrido que esta persona uso muy emocionada durante un tiempo, durante el cual pude escuchar mil quejas de lo mal que lo había pasado viendo que el coche lo podía conducir cualquiera y del miedo que tenía de darse un golpe si al coche le fallaban los frenos en mal momento y de lo bien que iba su mercedes.
Hasta aquí todo comprensible para mí, hasta que pasado cierto tiempo dejé de ver a dicha persona con su coche nuevo y volvía verla con el viejo panda del que tantas quejas había escuchado. ¿El motivo? Pues que iba como la seda, no se movía y era demasiado perfecto. Hay cierto tipo de conductores, que necesitan la emoción de saber que pueden quedarse sin coche en cualquier momento, de tener la sensación de que el coche vibre como si le pisaras a doscientos cuando realmente está yendo a cincuenta y todas esas emociones un servidor no comparte.
Por mi parte, yo sé que es lo mínimo que deseo tener en un coche, pero no seré tan estúpido como para devolver otro que supere con esos mínimos si éste cae en mis manos :P
(Desvariación finalizada)

Comentarios
Publicar un comentario