Soledad

El día acaba y la sensación de soledad se acrecenta con la llegada de la noche. Esa soledad que me invade y no desaperece cuando estoy acompañado, es más, incluso podría decirte que la presencia de otros cerca incrementa el desasosiego creado por ella.

La melancolía se apodera de mí y los recuerdos del pasado vienen con ella, me vuelvo uno con ellos y revivo esas historias que acabaron tan mal así como las que simplemente acabaron. Intento mantenerme ocupado y evitar pensar. Es inútil, siempre acabo cediendo y ya no tengo voluntad para plantar batalla. Me rindo ante esa ola de tristeza y abrazo el dolor.

¿Qué hubiera pasado pudiera cambiar una sóla acción? Imagino destinos mejores que ya nunca llegarán, analizo cada recuerdo. Todos grabados con gran detalle en mi memoria. Palabras, gestos, olores e inclusó sensaciones; aun puedo sentir besos y abrazos como si los estuviera viviendo en este mismo instante.  Eso los hace todavía más doloros. Veo tantas promesas incumplidas y sufro por el daño que me han hecho y por el que hice yo. Tantos errores que debí haber evitado.

Miro al futuro y simplemente hay tinieblas. Oscuridad que no me permite saber con certeza que vendrá, aunque mirando atrás y viendo lo abrupto del camino, mi deseo es apartarme de él, sentarme a un lado del sendero de la vida y esperar, dejar de luchar por recorrerlo y de sufrir las llagas que me ha provocado. Sea como fuere llegaré  al mismo destino continúe o no por él y quizá escondido a su vera las heridas lleguen a cicatrizar o, al menos, deje de provocarme más.

Esta vida siempre amante de la ironía. Un sentimiento de soledad que siempre llega acompañado de muchos más. Finalmente acabarán provocando lágrimas y estas limpiaran parte de mi alma arrastrando pedazos de esos sentimientos hasta la próxima vez que decidan hacerme su visita.

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