Máscara
Volví a caer. Comienzo a abrir los ojos y veo que mi nariz está tocando el suelo de nuevo.
Me siento y busco un motivo para sonreir, pero ya de mi no pueden conseguirse más que muecas que intenten disimular el brillo de mis ojos.
Ya no intento levantarme. ¿Para qué? Sé que volveré a caer y quizá desde aquí duela menos. Ni si quiera hubiera deseado incorporarme, preferiría poder quedarme tumbado hasta ver desaparecer todo dolor, como ya ocurrió en el pasado.
Extraño esa sensación de paz que sólo he conseguido tener durante unos momentos en mi vida. Ciertos avatares del destino quisieron que yo continuara sufriendo para evitar dolor a mis seres cercanos pero por avatares del destino una inesperada visita me despertó de mi sueño. De mi paz.
Ahora intento no ser tan egoísta, lucho por aguantar por aquellos que tanto han sufrido por mí y a los que no quiero causar daño... pero extraño tanto esa paz, sentir como todo lo que me inquietaba, mi dolor, mi pena, todo se hacía pesado y permanecía aferrado a la realidad mientras yo, por el contrario, emprendía mi viaje.
Un viaje truncado para la fortuna de aquellos que me amaban, o eso debían de creer porque, ¿a caso les he proporcinado algo más que sufrimiento desde entonces?
Tocado por alguna maldición que me hace sentir siempre infeliz, que el dolor interior y yo seamos uno, que deba ponerme una máscara que ahora, demasiado gastada por el uso, no puede ocultar mi verdadero rostro. Falsas sonrisas. Miradas y ánimos hacia los demás, promesas de que seré su apoyo cuando me necesiten... y el deseo de marcharme de una vez.
Cada vez más separado de las amistades, algo aparantemente no intencionado, cosas de la vida que no esconden sino el hecho de querer causar el menor dolor posible a los que se queden aquí el día que pueda partir.
Alguna vez consigues ver la luz de un faro que en la noche parece guiarte hacía lo que podría ser un lugar seguro, la idea de que haya otra salida para el dolor cruza mi mente y eso hace que duela más aun cuando veo el mar embravecido al que habría de arrojarme para quizá encontrar algo que aun pueda darme vida al otro lado de la tempestad.
Pero estoy cansado y magullado; aquí al lado tengo mi paz, sólo tengo que tomarla de nuevo y olvidar.
No tengo fuerzas para resistir, ya no. Es esa maldita moral la que me hace resistir por los demás, no por mí, yo ya estoy derrotado, herido de muerte esperando mi momento aunque no debo ceder mientras pueda causarle daños a ellos. Los demás aguantarán sin mí, deberan hacerlo y sé que lo harán. Me recordaran quizá en alguna historia pero ahora, ahora sólo tengo que resistir por ellos dos. Fingir que mis heridas están sanando y que todo marcha bien; pero tras ellos, podré emprender mi viaje por fin.
Me siento y busco un motivo para sonreir, pero ya de mi no pueden conseguirse más que muecas que intenten disimular el brillo de mis ojos.
Ya no intento levantarme. ¿Para qué? Sé que volveré a caer y quizá desde aquí duela menos. Ni si quiera hubiera deseado incorporarme, preferiría poder quedarme tumbado hasta ver desaparecer todo dolor, como ya ocurrió en el pasado.
Extraño esa sensación de paz que sólo he conseguido tener durante unos momentos en mi vida. Ciertos avatares del destino quisieron que yo continuara sufriendo para evitar dolor a mis seres cercanos pero por avatares del destino una inesperada visita me despertó de mi sueño. De mi paz.
Ahora intento no ser tan egoísta, lucho por aguantar por aquellos que tanto han sufrido por mí y a los que no quiero causar daño... pero extraño tanto esa paz, sentir como todo lo que me inquietaba, mi dolor, mi pena, todo se hacía pesado y permanecía aferrado a la realidad mientras yo, por el contrario, emprendía mi viaje.
Un viaje truncado para la fortuna de aquellos que me amaban, o eso debían de creer porque, ¿a caso les he proporcinado algo más que sufrimiento desde entonces?
Tocado por alguna maldición que me hace sentir siempre infeliz, que el dolor interior y yo seamos uno, que deba ponerme una máscara que ahora, demasiado gastada por el uso, no puede ocultar mi verdadero rostro. Falsas sonrisas. Miradas y ánimos hacia los demás, promesas de que seré su apoyo cuando me necesiten... y el deseo de marcharme de una vez.
Cada vez más separado de las amistades, algo aparantemente no intencionado, cosas de la vida que no esconden sino el hecho de querer causar el menor dolor posible a los que se queden aquí el día que pueda partir.
Alguna vez consigues ver la luz de un faro que en la noche parece guiarte hacía lo que podría ser un lugar seguro, la idea de que haya otra salida para el dolor cruza mi mente y eso hace que duela más aun cuando veo el mar embravecido al que habría de arrojarme para quizá encontrar algo que aun pueda darme vida al otro lado de la tempestad.
Pero estoy cansado y magullado; aquí al lado tengo mi paz, sólo tengo que tomarla de nuevo y olvidar.
No tengo fuerzas para resistir, ya no. Es esa maldita moral la que me hace resistir por los demás, no por mí, yo ya estoy derrotado, herido de muerte esperando mi momento aunque no debo ceder mientras pueda causarle daños a ellos. Los demás aguantarán sin mí, deberan hacerlo y sé que lo harán. Me recordaran quizá en alguna historia pero ahora, ahora sólo tengo que resistir por ellos dos. Fingir que mis heridas están sanando y que todo marcha bien; pero tras ellos, podré emprender mi viaje por fin.
Comentarios
Publicar un comentario