Mi condena

 Me siento ante el televisor con las manos en el teclado y las lágrimas ya se preparan para salir. El tiempo ha pasado, sí, pero los sentiminetos y la rabia siguen aquí aferrados a mi pecho impidiéndome respirar con normalidad. 

Cargas con una condena social porque, diga lo que diga la gente, siempre hay quién duda de ti, el que te señala, aquel que disfruta hablando a tus espaldas e imaginando la clase de demonio que debes de esconder. Por mi parte, salvo en aquel momento inicial de contar toda la verdad que no sirvió para nada, no he estado aireando sus trapos sucios. Yo fui el primero en no tener prejuicios y lo he pagado, pero es cierto que rumana, prostituta, casualmente maltratada por todas sus exparejas y con esa forma tan despectiva de tratarme que tuvo durante la relación, durante la cual apenas tuvimos relaciones un par de veces en años y en la que admitió que yo le daba asco... El que jamás ha recibido un te quiero o un abrazo no pedido, y al que muchos se le han denegado, ese es el maltratador. El que volvía a su casa de estar con su pareja con la lágrima fuera por el machaqueo, o porque de pronto ella quería volver a prostituirse, o había estado tonteando con otros tíos... Y yo lo aguanté todo por unos hijos que no eran míos y que nunca volveré a ver. 

De mí se puede decir que soy un imbécil o un idiota, pero jamás podrá decir que éste, que la sirvió como un esclavo casi hasta el final de la relación, la maltrató.

Ahora tengo condenas de años como un criminal por haber intentando ayudarla, por haber dejado mis estudios para apoyarla con los suyos, por haber vendido mi moto para arreglar la boca de sus hijos y pagar el alquiler en el que ellos vivían. Pero yo era un agarrado porque me daba cuenta de que el dinero se estaba acabando y ella no quería trabajar.

Y cuando descubres que durante los dos años sólo has sido una cartera, que las pocas sonrisas que te ha dedicado, que lo de invitarte a momentos especiales era para aparentar, que no podía presentarte en el instituto de la mujer pese a que llevaseis dos años porque ya había presentado allí al amante, a su vez camello (de esas drogas que había dejado  y que se mantuvieron siempre presentes a mis espaldas).

Luego admite que se ha prostituido, cuenta historias que derrumban versiones anteriores y te das cuenta de que no lo ha dejado nunca. ¿Para que iba a tocarte si ella ya tenía todo el sexo que quería? Eso sí, mientras tenía un padre para sus hijos y alguien que la mantuviera mientras ella se sacaba un "extra" para sus caprichos a golpe de cadera y sin importarle nada la falta de respeto que pudiera significar.

Y hasta ahí, incluso hasta ahí, si hubiera dado la cara, podría haberla perdonado con el tiempo. Pero reírse de mí por descubrirla, provocar con esas invitaciones al facebook para poder denunciarme y no tener que dar la cara... El daño que me ha hecho no es el de los dos años de traición de la relación, es la ejecución que ha llevado a cabo después para poder hacerse la víctima.

Y allí la veo, rondando otra vez con un cliente de los fijos, de los que nunca abandonó cuando estuvo conmigo y me pregunto. ¿Cómo podrá el fiarse?¿Cómo puede nadie fiarse de ella habiéndola visto actuar?¿Qué clase de mentiras llevará años contando? Quizá ni tan siquiera haya dicho que alguna vez fuimos pareja y, creedme, ojalá en eso tuviera razón. 

Éste es el golpe que me acabó de hundir. Años desorientado y todavía muy alejado de la realidad  y con una enormes ganas de conocer una verdad que, me temo, siempre permanecerá oculta. Y yo mientras cumpliré una condena que no me corresponde, condenado por intentar sacarla de un mundo del que nunca quiso salir, por sacrificar todo lo que tenía por ella, por acudir a cada llamada que me hizo y perdonar cada mal gesto. Encerrado mucho más que por ley, por pánico. 

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