Neblina

El efecto inicial parece haber desaparecido y vuelvo a mi constante estado de desesperanza.
Hace varios días salí con un amigo de la adolescencia y me ha pasado factura. No bebí alcohol ni dejé salir mi lado salvaje, estuve comedido toda la noche. Nuevamente me doy cuenta de que el salir me hace darme cuenta de quién era y de quién soy ahora, lo mucho que he cambiado y lo insalvable de la distancia entre ambas personas.

Buenos recuerdos de tiempos en los que, pese a que también había muchas cosas que iban mal, había esperanza en un futuro mejor: en el mañana. Pero ese mañana ya ha pasado y no ha traído nada de aquello con lo que soñaba. O más bien, lo que ha traído se lo ha llevado enseguida. Queda el vacío, el ese dolor que provoca la ausencia, esa herida que no deja de sangrar... Y no es por nadie, sólo por mí. La desilusión de la vida, de lo que soy y de mi vida, de lo poco que siento que pertenezco a este mundo.

La verdad es que ahora sólo deseo dormir. Sumirme en mis sueños y evadirme de toda realidad; escapar, por fin...

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